-País de las maravillas-


Fotografía obra de Mariangela Venutolo. Fuente Original: Flickr

Al leer el título de esta cuestión, doy de antemano mi conclusión personal: Venezuela es el país de las maravillas para el que la sienta suya. Sin embargo, esto no trata de esa querencia desmedida hacia este pedazo de tierra, monte y asfalto, gente y costumbres. Trata de un algo bastante problemático: la inmensa emigración que hemos sufrido en los últimos años. Me pregunto constantemente si en algún momento de nuestra historia se pensaba en salir del país no por buscar una mejor vida y un mejor futuro en el exterior, sino por el simple acto de conocer otras partes del mundo. Que fenómeno tan traumático es el que vive hoy nuestra nación, en donde los éxodos constantes (que en conjunto son fugas masivas) se han vuelto algo común. ¿Quedarse en esta realidad o irse buscando oportunidades? He ahí el dilema. Uno que muchísimos venezolanos albergan en sus pensamientos desde que todo este cambio de sistema comenzó. El problema es que a veces no se mide el verdadero asunto sino cuando se medita profundamente en él. Por un lado, la pérdida de potencial humano (sobre todo de jóvenes) es inmensa para la patria y su óptimo desarrollo. Por el otro está la experiencia que puedan vivir los que se van. En este último punto fui yo también protagonista y puedo dar fe de que, sin importar que tanto te puedas acoplar a un nuevo ambiente, el pesar del extranjero estará siempre latente en tus aconteceres. Volviendo al factor inicial de todo el fenómeno, la nación sufre un golpe certero cada vez que alguno de sus hijos se va. Todo el proceso iniciado e impulsado por el estado económico, político y social en el que se encuentra ahora nuestra sociedad. Sí, es triste que uno deba abandonar “su tierrita” por factores tan pasajeros y cambiantes como esos. Sin embargo, estos terminan por afectar la voluntad incluso del más regionalista que pueda existir.


-No pienso levantarme-

Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Seguramente es esta condición de joven la que me induce a tan enigmáticas meditaciones. Mejor seguir así hasta lograr comprender algo.

-Artista a juro y porque sí-


Fotografía obra de VARL Photography.

Sé que por siempre estará el hecho de afirmar que las épocas pasadas fueron mejores, como si refugiarse en ese consuelo pudiera  cambiar algo. Entonces se torna aún más compleja la cuestión del día a día porque este segmento de la historia está destinado al descontento. Lo que sí es cierto es la demanda de creatividad que se nos exige en estos momentos. No estamos en condiciones de quedarnos inertes sin explotar el potencial que cada uno lleva dentro, es justo y necesario demostrar lo que valemos. De eso se trata la frase de «tirárnosla de artistas», de desplegar nuestras capacidades por el fin que argumente nuestro ser. Por ejemplo, por nuestros seres queridos; por las metas que personalmente deseamos cumplir; por nuestra propia felicidad; en fin, por un universo de factores que exigen cada gota de esfuerzo y  cada partícula de voluntad, y no solo de la mediocridad que se demuestra en ocasiones y que tanto daño nos causa como sociedad. Hay que ser diferentes en todo aspecto, hay que rebuscarse las formas de que lo que hagamos sea bueno y de calidad. La practicidad es un punto de partida que nos impulsará al desarrollo y a la culminación de nuestros planes de forma inteligente. A mi parecer, la realidad de esta época tan difícil ha logrado un cambio en la conciencia del ciudadano común. Un cambio que nos ha exigido obviar nuestros defectos y mejorar a toda costa para lograr salir adelante. En fin, un cambio que nos obliga a volvernos grandes en lo que hacemos para concretar un suelo firme en donde pisar. De esa forma, en este presente no se puede negar que nuestro pueblo está constituido  por personas con un talento increíble que lucha por no dejarse absorber por los males existentes. Somos artistas de esta gran obra.

-Play al ayer-


Fotografía obra de VARL Photography.

Gracias al sonido de esta canción me pierdo en un pasado al que poco le falta para materializarse ante mí. Es algo bastante curioso: aun cuando uno cree que se han superado ciertas etapas, éstas logran revivir por factores tan simples como una melodía. Entonces, al retomar los pasillos de ese laberinto que significa el pasado, no puedo evitar pensar en las vivencias que experimenté y en las enseñanzas que puedo nombrar en este momento a partir de ellas. Las personas somos así, todo lo tenemos que contar, resulta una necesidad el no quedarnos callados.

-Llamada al que conteste-

Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Tú, yo, nuestra familia, nuestros amigos cercanos, nuestros conocidos; todos en conclusión, lo sabemos: Éstos no son momentos para lamentos y mucho menos para desunión. Tenemos dos opciones bien definidas: estancarnos en el cajón que pueda crear nuestra mente o buscar las opciones con las cuales lograr nuestro futuro deseado. Reconozco que las palabras son más fáciles de construir que las acciones, sin embargo, no caben dudas para el hecho de que todo es posible hoy en día. El destino está allí afuera esperando a que salgamos de nuestras casas a buscarlo, pero es tan moldeable que no asegura su forma hasta que ya es una realidad. Los ciudadanos comunes, buenos y trabajadores, deberán abrirse paso entre una multitud de sombras establecidas. Creo que es importante pensar que después de un túnel oscuro viene un sendero lleno de luz y que luego de que esas sombras sean superadas, nuestro país se consolidará como lo que siempre ha sido: un edén. Por eso este llamado es para ti, que quieres luchar por ese sueño: continua adelante y no mires a los lados, trabaja por un mejor futuro y veras que juntos podremos lograrlo. Es hora de olvidar la confrontación entre hermanos hijos de una misma nación, es hora de darle un abrazo a aquel que un día miraste con enojo. Solo me faltaría decirte que tengas paciencia para lo que viene y perdón para lo que ya pasó. Hoy mismo comienza una nueva vida si así lo quieres, hoy mismo comienza un nuevo país si nos enfocamos en crearlo.

-Un domingo cualquiera-

Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Pareciera que los días ya no duran tanto, pareciera que a veces no podemos si quiera disfrutarlos. Todo el tiempo hay algo que hacer, algo en que preocuparse, sueños que soñar y por supuesto la constante interacción con el entorno que nos rodea. Tantas cosas en las qué pensar, tanto en qué emplear toda nuestra energía. Lo bueno es que siempre termina por llegar un respiro, ese en el que de repente ya no te sientes llevado por la rapidez de esta corriente que es vivir.

-Cuídate de las esquinas-

Fotografía obra de VARL Photography.

La realidad que a mí, a mis amigos y a toda esta generación nos tocó vivir, no es nada fácil de sobrellevar. Sin que importe la querencia desmedida de salir adelante, de ser innovador en el campo que se desee o de por lo menos mantener una vida que rose la línea imaginaria de lo “normal”, siempre habrá factores externos que nuestros impulsos no podrán enfrentar. Entre las muchas variantes que entran en este punto, no habrá otra de tal magnitud como la inseguridad que nos carcome la piel. Sales a la calle y se despiertan dos impulsos que parecieran necesarios para sobrevivir: el primero, mirar toda la distancia hacia adelante que puedas para darte cuenta quien viene hacia ti; el segundo, voltear hacia atrás para ver quien está a tu espalda. Ambos procesos en un estado de nerviosismo que varía según el individuo pero que siempre impera en muchos ciudadanos de nuestras polis. Desde hace tiempo que empecé a escuchar de los más viejos la frase de: “dejamos de vivir para empezar a sobrevivir”. Sí, es triste aceptar la realidad de la situación y más cuando pretendes oponerte a ella intentando continuar con tu constante quehacer de ir al colegio, al trabajo, a tomarte algo en un bar nocturno, a un centro comercial para reunirte con amigos o al salir a la acera de tu casa a respirar porque el encierro de la casa ya te asfixia. Yéndonos a la raíz del problema sobre nuestra invariable delincuencia a nivel nacional, unos dirán que los malandros son el resultado a diferentes elementos que terminaron por “invocar” este fenómeno social. Que si la pobreza, la ignorancia, la corrupción que viene desde arriba, o simplemente, como diría mamá, “la sinvergüenzura de las gentes que optan por lo fácil”. Sea cual sea la razón, no podré nunca entender el hecho de que un hermano le quite a otro a la fuerza amenazándolo con hacerle daño o incluso con matarlo. Cierto es que en la historia de toda civilización han habido ladrones, pero como nuestros “choros” creo que muy pocos, y que cada quien se encargue de darle la interpretación que quiera a tal afirmación. La cuestión es que éste es un problema de todos, que afecta a todos y del cual solo podremos salir todos pero estando juntos. Aunque a veces sea difícil de creer, las personas buenas siguen siendo la mayoría en esta turbulenta nación, eso es algo que la delincuencia no podrá cambiar. Por ahora, solo me queda decirte con la desolación de una profecía apocalíptica: cuídate de las esquinas.

-Nota de voz-

 Fotografía obra de VARL Photography.

Siempre he tenido buena memoria, incluso para esas cosas que realmente he querido olvidar. No sé si llegaría a convertirse en una especie de maldición tal cuestión, la verdad es que rememorar tantas cosas es llegar a pensar en que he pasado por muchas vidas dentro de una sola. He ido y venido a tantas partes que en realidad a veces no se ni dónde estoy, quisiera que eso cambiase. En ocasiones me he quedado sin esperanzas porque la escasez abunda, otras tantas el amor se ha consagrado como un privilegio destinado a los demás, jamás para mí. He allí cuando me percato que he vuelto a la depresión, que esto se trata solo de una obra triste, que en esta confesión se cuelan los vestigios de cierta melancolía y de varios arrepentimientos.

-Varios días sin dormir-

Fotografía obra de Génesis Pérez 

«Más de lo mismo»

Otra vez intentado cosas, toda una ciudad compuesta de nuevas preguntas. He comenzado a creer que mi vida en realidad termina por tambalear entre las ilusiones y  la realidad. No, nada de eso. La verdad es que mis días se condensan bajo la propuesta de un destino bastante esperanzador, ese que propone que cualquier maravilla pueda ser lograda. Entonces continúo. Por alguna razón, en este momento creo que ese es el único esfuerzo que vale la pena mantener, nadie quiere quedarse en medio de la nada. Retomando otros miedos, sé que he llegado a perder muchos días, muchas energías empleadas sin necesidad. Pero así somos nosotros los humanos, tan tercos y sorpresivos que ni siquiera pensamos bien las cosas antes de hacerlas. En fin, en este momento creo tener uno de esos momentos, creo que he podido redescubrir en mi interior ese elemento tan bonito que es soñar.

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