-Con los pájaros, mi otoño-



Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Te extraño.
Como extrañan los fantasmas su vida.
Y es que tú me hacías sentir vivo.
Como extraña el tiempo verse en relojes.
Y es que quería pasar contigo mis horas.
Todos mis días. Todas mis noches.
Para bailar juntos las canciones prometidas.
Para cumplir mi promesa de tenerte para siempre.
Te extraño.
Y ojalá no te tuviese tan dentro de mí.
No llevarte en mi espalda. En mis lunares.
Ni soñarte, ni pensarte al despertar.
O hacerlo incluso cuando tengo la mente en blanco.
No se puede. Ni se podrá.
Porque fuiste más mía que tuya.
Y ahora que te fuiste yo no puedo ser de nadie más.
Me duele esto. Perderte por mi estupidez.
Te extraño.
Y no sé qué hacer para recuperar nuestro otoño.
Para dar contigo entre el dolor.
Para dejar atrás esta añoranza y volver al "juntos".
Qué hacer con esto...
Nada, como la nada que soy sin ti.
Mientras veo los pájaros yéndose lejos.
Llevándote con ellos.
Lejos.
Sin poder alcanzarlos.
Lejos.
Mientras te sigo extrañando y viéndote volar.
Yo sigo aquí, enjaulado.

Matas de querencias

Este es el segundo fanzine que he hecho. 
En este momento no tengo ganas de decir mucho más al respecto. 
Quizás luego.

Dante Merino, príncipe del quién sabe



Para aquellas personas que no pudieron adquirir la edición impresa, acá está mi libro “Dante Merino, príncipe del quién sabe” en una versión digital. Espero que lo disfruten y muchas gracias por el apoyo y el cariño.

-Descripción de personaje-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Mi naturaleza es la de un animal salvaje. Vagando, siempre a la defensiva. No conozco ni admito otras ideas que no sean mis ideas, otros empeños que yo no haya mencionado. Soy grosero, altanero y encuentro atractivo caerme a golpes de vez en cuando, y también de vez en siempre. Un tipo duro, solitario, terco. Soy un lobo, quizás, uno que no está herido aunque parezca cojear, uno que no está triste a pesar de que le aúlle a la luna queriendo recuperarla.

Continúo adelante llevando mis errores, mis malditos errores. Los peores me visitan en formas grotescas cuando cae la noche. Me vigilan y se acercan cuando parezco alegrarme por algo. Me recuerdan lo que no quiero recordar, lo que no debió pasar. Me distingo de los demás en la manada por una mirada que nadie quiere ver, ni siquiera yo mismo cuando paso frente a un espejo. No le tengo miedo, pero no tardo en insultarla. Mi sacrificio es llevarla a cuestas, consuma lo que soy. Esa mirada enojada, llena de arrepentimiento, de incredulidad a que alguna vez existió algo bueno para mí. A que merezco amor. A que soy capaz de darlo.

Moriré cualquier mañana de estas. Cualquier noche. Cualquier vez. Quedaré tirado en algún piso, el que sostiene mis pies o el que me ofrece la depresión que ahora siento. Ese piso con gravedad aumentada que no deja que me pare. Con heridas de bala que hacen que sangre, que llore, que me sienta mal como el mal mismo que ahora atravieso. Ese es el otro lado de los fuertes, de los tercos, de los que no tienen memoria y se lanzan de algún balcón. En realidad no me suicidaré, no creo en esos escapes. Lo mío es más triste. Lo mío es continuar sufriendo con la naturaleza de un animal salvaje que fue deshumanizado por la realidad distópica que hay en su interior.  

-Sortilegio temporal-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

La primera vez que pensé en el tiempo tenía 10 años y mi abuelo se moría en un cuarto de hospital. Me enojé mucho por lo vulnerable que resulta la condición humana; se deteriora el cuerpo, se difumina la conciencia. Te alejas del ahora. Llegas al punto en el que es imposible despedirte de tu nieto aunque lo tengas al lado. Escribí algo en aquella ocasión y ya no recuerdo qué habrá sido. El transcurso de la vida, naturalmente, lo va borrando todo.

-Tú me gustas-


Fotografía obra de Génesis Pérez 

-Quiero que sepas que me gustas. Sí, me gustas de gustar.  Me gustas y decirlo suena hasta bonito. Te lo digo porque siento que tengo una oportunidad contigo, de hecho, creo que tenemos mucho en común. Por ejemplo, los dos pertenecemos a la especie humana y existimos en un mismo espacio durante un determinado tiempo. ¿Ves? No tuve que pensar mucho para decirte dos cosas que compartimos. Incluso, si lo piensas detenidamente, con tanta casualidad podría considerarse que estamos hechos el uno para el otro.

-Vine a hablar de algo-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Yo vine a hablar de algo. Mmm, ¿qué sería? Es confuso, no puedo recordarlo. Ahora mismo son las 18:33, llevo toda la tarde intentando una cuestión que… ¡Ah! Acabo de acordarme, quería decir un pretexto que justificase por qué no había escrito en los últimos meses con la misma constancia que en los años pasados. Pero la verdad creo que no hay muchas razones para inventar, simplemente estaba en modo “ahorro de energía” respecto a esta cuestión de publicar y compartir lo que se se me iba ocurriendo. Vaya, ese parece sincero al menos, todo sea por no llegar al punto de admitir el hecho de que había mandado al carajo, al menos parcialmente, el hábito de escribir. Quería estar sin tantas letras, tantas historias y tanto drama.

Verán, nunca me llamo a mí mismo escritor. La escritura es un oficio y por tanto conlleva disciplina y constancia que sumen a la técnica. Supongo que luego de cinco años de escribir constantemente sigo pensando que en realidad estos elementos no se encuentran presentes en mi quehacer constante. Sí, lo digo cuatro libros después, pero eso no cambia nada. Entonces ¿qué soy? Solo soy un muchacho al que le gusta contar cosas, supongo. Uno que dejó de hacerlo con la frecuencia de antes y que ahora viene acá a dar explicaciones tontas sobre su partida temporal.

Pero es que entiéndanme, las personas que están metidas en el... ¿arte? Mmm, no le llamemos así, mejor digamos esto: las personas que buscan formas de expresarse. Bien, esas personas tienden a sumergirse entre los mares de la intensidad.  Hablan sobre libros, pinturas, películas, música, poesía, ensayos, y qué sé yo. Eso no está nada mal, no me malentiendan ya que, de hecho, son más bien elementos sublimes y que transgreden las barreras entre la imaginación y la realidad siendo canales a dimensiones a las que no podemos llegar fácilmente. Pero qué pasa cuando estás tan metido en la medula de dichas manifestaciones, cuando es así, lo mejor es un descanso.

Y a descansar me fui al menos unos meses. Y aquí me tienen, todo el párrafo anterior es para explicar eso. Me fui a ver comiquitas en la televisión, a hablar con mi mamá, a estudiar para los exámenes, trabajar, hacer mercado, tomar café, reencontrarme con mis amigos y emborracharme, bailar en las fiestas, ver lo contaminada que está mi ciudad, ver nuevos lanzamientos de sneakers, entre otras cosas. Y me siento bien (demasiado bien) de haberlo hecho. Porque no podemos atarnos a ningún hábito hasta el punto de pensar que estamos mal por dejar de hacerlo. Prefiero vivir una vida tranquila, ser un hombre sincero de donde viene la palma.

Ahora estoy aquí otra vez, con la misma laptop en la que escribo desde hace más de 5 años y meditando nuevos escenarios, preguntándome si continuaré escribiendo y si habrá final feliz. Para este punto me conformo con que exista un final por lo menos.

En fin, así comienza este año 2017 para Café y Arepas, un espacio del cual me siento profundamente orgulloso. Una última cosa: en febrero será el aniversario número 5 de este sitio web en el que, precisamente, se desayunan letras. Eso, amigos míos, es algo increíble.