-Descripción de personaje-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Mi naturaleza es la de un animal salvaje. Vagando, siempre a la defensiva. No conozco ni admito otras ideas que no sean mis ideas, otros empeños que yo no haya mencionado. Soy grosero, altanero y encuentro atractivo caerme a golpes de vez en cuando, y también de vez en siempre. Un tipo duro, solitario, terco. Soy un lobo, quizás, uno que no está herido aunque parezca cojear, uno que no está triste a pesar de que le aúlle a la luna queriendo recuperarla.

Continúo adelante llevando mis errores, mis malditos errores. Los peores me visitan en formas grotescas cuando cae la noche. Me vigilan y se acercan cuando parezco alegrarme por algo. Me recuerdan lo que no quiero recordar, lo que no debió pasar. Me distingo de los demás en la manada por una mirada que nadie quiere ver, ni siquiera yo mismo cuando paso frente a un espejo. No le tengo miedo, pero no tardo en insultarla. Mi sacrificio es llevarla a cuestas, consuma lo que soy. Esa mirada enojada, llena de arrepentimiento, de incredulidad a que alguna vez existió algo bueno para mí. A que merezco amor. A que soy capaz de darlo.

Moriré cualquier mañana de estas. Cualquier noche. Cualquier vez. Quedaré tirado en algún piso, el que sostiene mis pies o el que me ofrece la depresión que ahora siento. Ese piso con gravedad aumentada que no deja que me pare. Con heridas de bala que hacen que sangre, que llore, que me sienta mal como el mal mismo que ahora atravieso. Ese es el otro lado de los fuertes, de los tercos, de los que no tienen memoria y se lanzan de algún balcón. En realidad no me suicidaré, no creo en esos escapes. Lo mío es más triste. Lo mío es continuar sufriendo con la naturaleza de un animal salvaje que fue deshumanizado por la realidad distópica que hay en su interior.