Fantaso





No he dormido bien últimamente. De hecho, hay noches en las que ni siquiera he podido hacerlo. Yo antes me acostaba temprano, me era difícil quedarme despierto hasta tarde. La verdad es que soy una persona alondra, de esas que funcionan mejor en las mañanas. Todo lo contrario de las personas lechuzas, es decir, las que prefieren las madrugadas y en ellas suelen ser más productivas.

Sakura




Imaginen una tarde en el Café España. Imaginen que hace frío, un frío que pareciera azul y que flota en el aire llenándolo todo como una película que ha sido colorizada en postproducción. Por último, imagínenme a mí en una mesa distante, queriendo pasar inadvertido, como quien no le debe nada al destino; y es que, de hecho, si le debo algo tampoco tengo con qué pagarle.


Lana





Junio

Lana me clava sus ojos negros y profundos, unos ojos que parecen islas flotando en un mar de fuego pues ya lleva una hora llorando. Quienes han llorado por un tiempo parecido entenderán que una hora parece un día entero y que en el proceso uno termina extraviado, divagando y en un estado parecido al de los fantasmas. Quizás ella sea uno y yo, en mi torpeza, no me he dado cuenta.

Estamos solos en su cuarto, alejados del mundo, alejados de todo. Aunque para este punto y a pesar de estar sentados uno frente al otro, también nos separa una distancia enorme a los dos. Ninguno dice nada, pero en ese silencio nos entendemos. Jamás he querido a alguien como la quiero a ella, parece tonto, me siento tonto, pero es así. Como una verdad que me recuerda que dentro del desastre tuve suerte y la encontré. Eso, sin embargo, sería bueno contarlo en una historia que comienza, esta es la historia del final.