-El final de los finales-


Fotografía obra de Génesis Pérez 

Me quedo en silencio y el silencio se queda en mí. Nada se mueve, la casa está sola, afuera no hay nada más que algunos pájaros anunciando la lluvia. Debo tener una expresión tonta, como la de alguien que cree haber descubierto algo. Pero me quedo tranquilo, sin moverme, intentando ordenar pensamientos. Así comienza el final de los finales.


Me cansé de viajar por todas partes. Necesito sentarme y descansar, dejar de buscar cosas y empezar a conocer las que ya encontré. Han sido años revueltos y llenos de adrenalina. Supongo que suponer está demás. Supongo que creer encontrar claridad entre esas suposiciones es una necedad. Sin embargo, supongo también que esto se trata de dar razones a los porqués. No es fácil, el destino es caprichoso en explicar motivos.

Prefiero pasar de largo hasta lo que he entendido. Por eso hablaré como el que sabe dónde está parado y no tiene dudas ni arrepentimientos. No bastan los libros y el querer aparentar una intelectualidad superior. Tampoco bastan los esfuerzos si estos no son justificados por el corazón; aunque este sea un loco incoherente en elecciones y un idiota nostálgico, hay que protegerlo siempre. No basta buscar fama y fortuna disfrazándolos de sueños. Así como no basta la noche para buscarte en bares y elixires psicodélicos si ya te has olvidado a ti mismo en una parada de bus. Incluso las canciones del cantante preferido o de la banda predilecta no bastarán si dejas de escucharte. Si dejas de seguir tu instinto no bastará el GPS. Si te encierras del mundo no bastarán las redes sociales ni los amigos imaginarios que hay en ellas. Nada de eso bastará aunque lo intentes hasta frustrarte y llores de rabia.

Bastará el amor cuando sea sincero, cuando te haga sentir acompañado aún en soledad. Bastará ver la lluvia caer los domingos sin que tengas que deprimirte por ello. Y si te deprimes que sea porque quieres, no porque buscas encontrar algo más en el proceso. Pensándolo bien, bastará sentir, sentir sin pensar, y vivir. Bastará que te otorgues momentos de felicidad con las cosas que te gustan como comer helado, ver el cielo o jugar con el gato. Bastará que te proclames libre porque eres tu dueño, así lo dice el acta de independencia del universo. Te bastarás a ti mismo mi pana, porque guardas en ti el peso de varias tragedias, de una forma de ser difícil, de fantasmas que asustan, y aun así sigues aquí intentándolo.


Ante lo último termina el trance en el que logré entrar por algunos minutos. El cigarro se ha consumido y la nostalgia ya no parece tan dura. Tuve que desempolvar la laptop para poder escribir esto, para poder desaguar el desastre que tenía en la cabeza. Y darme paz y tranquilidad, como dije al principio, para renacer o remorir, o tomar cualquier otro camino. Hoy es el primer día de este año. El primer día de esta vida. El primero de lo que sea. Es el comienzo de nuevos comienzos.