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El amor que se quedó


¿Te has puesto a pensar alguna vez qué pasará con el amor que se quedó? Ese que no es cualquier amor, sino uno en particular, el que se siente en las mejillas, en el estómago y en las ganas de viajar juntos. Un amor de verdad, quizás. Qué pasará con él si aún está en las manos y en los ojos, si no se puede ir a ningún otro sitio. Será que se transforma, que se muere o es capaz de continuar en otras vidas.

Me he puesto a pensar en eso, tal vez porque estoy en una edad incierta, sin ser joven, sin ser viejo, y encuentro cosas que se han quedado en el limbo también: sueños compartidos, chistes internos, chats de madrugada. Parecen pertenencias puestas al azar, aunque todas están atadas por un hilo rojo. Y de repente, de la nada llega un recuerdo en el que una conductora baja el vidrio y avisa: “hacen una bonita pareja”. Qué pasará con ese amor y qué pasará con la tristeza de saber que alguna vez fuimos muy felices. 

Buenas noches


Quiero dormirme escribiendo
y despertarme en tu cama.
Que en vez del bolígrafo
tenga tu mano en mi mano.
Que la textura del papel
se sustituya por tu piel.
Y que en lugar de letras
solo estén tus lunares.
Quiero dormirme escribiendo
porque creo que es la única forma de tenerte.
O quizás no tenerte,
pero sí encontrarte.
Porque solo necesito eso.
Encontrarte.
Verte, tocarte, olerte.
Y dejar de imaginarte
entre hojas y tinta.
Que estés aquí, conmigo.
Para decirte que te quiero.
Ese sería un bonito sueño
y el mejor poema también.





Locas, queridas locas



Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Mi mamá está loca, supongo.
Pero no más que Venezuela, supongo.


Por amor y desamor


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

No entiendo la poesía
Ni de versos ni estructuras
Sé que es rabiosa y profunda
Pero porque lo he oído mencionar
Siendo más sincero,
muchas veces solo finjo que me gusta.
La leo, sí, lo intento, sí
pero tantas veces resulta confusa.
Y me siento triste porque me siento bruto.
Aún sin saber de los crepúsculos ni las uvas de Neruda,
me aventuro a intentar escribirla
Pero recuerdo a Bolaño clamando a mi casta
"no todo el mundo es poeta,
cualquiera puede escribir prosa, cortarla y ya tiene un poema;
eso no es poesía,
pero vaya, eso no es poesía"
Y vuelvo a sentirme bruto y ahora hasta pobre
porque nunca seré capaz de emitir sonetos, décimas ni cantos,
y quedo encayado en la orilla del mar,
varado en el otoño perpetuo de un bosque olvidado,
vacío y perdido en la añoranza.
Con lo peor,
con lo más triste,
con la imposibilidad de escribirte a ti, querida mía, un poema si quiera.
Para hacerte sonrojar, reír, soñar,
para enamorarte un poco más de lo que estuviste ayer.
Es por amor que buscamos escribir y por desamor que lo hacemos mejor.
Qué compleja es la vida del antiartista,
del que quiere y no puede,
del iluso que no logra llegar a las entrañas del universo,
tomar ideas,
convertirlas en las palabras precisas,
organizarlas en versos con estructuras,
y martillar un poema.
Es mi caso, tal vez, quién sabe,
pero por ti, belleza de mis ojos, lo intentaría mil veces.


El extrañarme


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Extrañar es una desgracia.
Pero a mí me gusta extrañarte.
La ausencia que me dejas.
Tu lado vacío en la cama,
los flashes de tus ojos que me han dejado ciego
y el eco de tus canciones en el aire del cuarto.
Me gusta cuando te vas y no te tengo.
El anhelarte con euforia,
con locura,
con tristeza y ansias de que vuelvas.
Soy el amante más grande que has tenido,
también el más raro.
No quiero encerrarte para mí solo.
Prefiero verte libre bailando,
prefiero que deslumbres a todos con tus pestañas.
Porque en la libertad te siento más mía que nunca.
Y yo soy tuyo aunque no pienses en eso.
Lo seré así no quieras.
Disfruto cuando te vas al trabajo y estás apurada por el retraso.
Cuando veo la última estela del batir de tu pelo al salir de la casa.
Tiene belleza la desgracia de que te alejes.
Tu olor a bosque llenando la sala estando tan lejos.
Lejos, como ahora.
Y te evoco, te invoco, te convoco.
Ya sea en fotos del celular o en pensamientos que miran el techo.
Ya sea en el espejismo de tu risa detrás de la puerta.
o el fantasma de tus manos cuando apago la luz.
La verdad es que eres más mía cuando menos te tengo.
Muy mía, tan mía.
Y lo repito como idiota porque sí.
Yo soy tuyo hasta siempre.
Mis lunares, mis venas agitadas.
Y me desconsuelo buscándote en los cielos coloridos de esta ciudad.
Me gusta extrañarte.
Recordarte.
Soñarte.
Sentirte en las vísceras aunque no estés.
Aunque escuche las llaves girando el seguro
y te vea volver llorándome.
Porque ya no estoy vivo.
Y tú sufres el extrañarme.

Una décima antes de salir


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Afuera hay una guerra
Quién puede negarlo
Si desde hace mucho se está peleando
Hoy la calle aterra
Pobrecita sea esta tierra
Dicen las personas mayores
Y en los jóvenes hay temores
Pero no más que valentía
Para darlo todo cualquier día
Y superar estos horrores.

***

Viaje al más allá


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

La vida se va tranquila, sin prisa, entrando por un portón grande y sin mirar atrás.
Él se queda inmóvil en la acera de enfrente.
Sin saber muy bien qué hacer a continuación.
Intentando calcular las magnitudes.
Pero los sentimientos no se miden.
Comienza a caminar.

Por siempre jamás


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Qué puede saber un hombre del verdadero amor
si ni siquiera sabe de sí mismo.
Qué puede saber de besos, abrazos, caricias,
si aunque ya ha dado tantos aún no se funde a través de ellos.
Qué puede saber ese tipo del tiempo de un romance,
si no ha contemplado la eternidad en un par de ojos.
O del espacio,
si no hace de cualquier sitio su hogar con tal de estar con la otra persona.
No sabe qué es el dolor,
porque nunca ha llorado por la perdida.
Ni conoce lo que es ser vulnerable,
porque no se ha visto solo con su silueta alejándose.
No sabe de noches inolvidables al teléfono, de árboles y hojas secas.
No sabe de cartas colores sepia, de palabras sinceras y risas anhelantes.
Y yo, que he amado hasta perderme a mí mismo sin ella,
no tengo mucho más de qué hablar.
Sino soñar.
Con tenerla a mí lado otra vez.
Para así saber una vez más lo que es el amor.
Aunque verdadero amor es lo único que sembró.
Y en mí se quedará.
Por siempre jamás.


Con los pájaros, mi otoño



Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots


Te extraño.
Como extrañan los fantasmas su vida.
Y es que tú me hacías sentir vivo.
Como extraña el tiempo verse en relojes.
Y es que quería pasar contigo mis horas.
Todos mis días. Todas mis noches.
Para bailar juntos las canciones prometidas.
Para cumplir mi promesa de tenerte para siempre.
Te extraño.
Y ojalá no te tuviese tan dentro de mí.
No llevarte en mi espalda. En mis lunares.
Ni soñarte, ni pensarte al despertar.
O hacerlo incluso cuando tengo la mente en blanco.
No se puede. Ni se podrá.
Porque fuiste más mía que tuya.
Y ahora que te fuiste yo no puedo ser de nadie más.
Me duele esto. Perderte por mi estupidez.
Te extraño.
Y no sé qué hacer para recuperar nuestro otoño.
Para dar contigo entre el dolor.
Para dejar atrás la añoranza y volver al "juntos".
Qué hacer con esto...
Nada, como la nada que soy sin ti.
Mientras veo los pájaros yéndose lejos.
Llevándote con ellos.
Lejos.
Sin poder alcanzarlos.
Lejos.
Mientras te sigo extrañando y viéndote volar.
Yo sigo aquí, enjaulado.

Para mí, con desprecio



Fotografía obra de Génesis Pérez 

Extraño mi carácter.

Extraño mis palabras.

Lo que antes era para mí mismo, lo que dejé ir.

Las cosas que me alegraban, cómo miraba el mundo.

Lo siento, pero no


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr


No creas que es amor
a pesar de que te piense todo el día.
A pesar de que al cerrar los ojos vea los tuyos
o de que escriba tu nombre al revés intentando conocerte más.
No pienses que es cariño lo que te tengo,
incluso cuando percibas que es el cariño lo que me esté sosteniendo.
No te extraño, no te pienso.
Y eso pienso mientras siento cuánto extraño.
No es cariño, me repito.
Y lo repite también mi corazón enajenado.
Yo soy un tipo duro, un lobo solitario de la noche fría.
Por eso no siento calor,
aunque tus abrazos me envuelvan en candela.
Por eso no creo en las otras vidas,
aunque al final de ti haya muerto y revivido.
No creas tú que esto es amor, amor mío,
lo que acciona el vacío que siento cuando te vas,
el temblar de mis manos cuando me hablas
o las ansias de que no cuelgues el teléfono.
No lo es y te advierto,
que no juegues a sentirlo,
porque el amor cuesta muy caro en esta vida con inflación.
Porque al final estaremos yéndonos igual de solos que como llegamos.
Y debido al miedo a perderte y a que la melancolía llegue,
prefiero no admitir que me he lanzado por el barranco de tu boca
mientras te sigo besando con los ojos cerrados.
Mientras te tomo de la mano al caminar por el parque,
te escucho el corazón desde lejos
o te sigo diciendo que lo siento, pero no es amor.


Sonar dramático



Fotografía obra de Génesis Pérez

No quiero sonar dramático, no quiero sonar vencido.
No quiero sonar como suenan los que se han arrepentido.

-La mañana luego de la noche-


Fotografía obra de Génesis Pérez 

Entonces pasó el eclipse de las fiestas.
Pasó la rabia y el desencuentro.
Pasó mi mala administración 
y la traición que me daba a mí mismo tantas noches a la semana.

***

-Sin más ni menos-


Fotografía obra de VARL Photography.

Me falta algo. Un elemento extraño que se fue o que no apareció cuando debía.


-Un libro de futuro-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

He venido, hermano, porque me cansé de esperar.

Ya no quiero tenerle miedo a mi propia patria.


-Monólogo al despecho-


Fotografía obra de VARL Photography.

Aún no puedo hacerme a la idea de que haya acabado.
Miren, un día estarán tomando café y comiendo galletas,
al siguiente el caos saldrá de la nada aullando un “terminar es lo mejor”.
Por eso estoy en este bar esta noche, es mejor que quedarme en casa con un helado.

***

-Dándola-


Fotografía obra de Víctor Alfonso Ravago.

El universo tenía planes para esta reencarnación.
Nada resultó como debía y en su lugar se formaron un montón de chécheres.
Ahora uno revisa nuevamente el almanaque de los objetos perdidos,
intentando descubrirse, destruirse, reinventarse.

***

-Cronograma sin monotonías-


Fotografía obra de Jaime Zarate. Fuente Original Flickr

5:20 am – Despertar. El sueño que transcurría ha pasado a ser ausencia. La vida acciona mecanismos al levantarse un nuevo día.