Mostrando entradas con la etiqueta Érase una vez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Érase una vez. Mostrar todas las entradas

El final de nuestras guarimbas


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Antes de emprender la caminata aquel 19 de febrero de 2014, pasamos por la casa de nuestro amigo Germán Mendoza, en el sector de Campo B. Al preguntarle si quería venir con nosotros, Germán negó a la propuesta argumentando: “lo que está pasando en Alta Vista ya no me está gustando, ahí pasará algo feo”. Su sentencia profética nos puso nerviosos, y cómo no, Venezuela atravesaba una ola de protestas y manifestaciones en contra del gobierno de Nicolás Maduro desde el 12 de febrero, estas habían dado pie a una fuerte represión por parte de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

Idilio en el exilio



Fotografía obra de Jaime Zarate. Fuente Original Flickr

Ven, amor mío,

llegó la hora de irnos.

Toma mi mano y apriétala fuerte

que vamos a lugares en dónde la nada lo es todo

y la felicidad nace en las cosas más simples.

Migrando atrás


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Algunas veces el pesimismo me viene a buscar en forma de pasado. Es que en la crisis de nuestras vidas los buenos recuerdos son un insumo importante, un artículo de primera necesidad. Como si de verdad todo hubiese sido perfecto o al menos no tan malo. Ese pasado es un holograma que no dejamos de idealizar, de alterar y condicionar a conveniencia con tal de que parezca feliz ante lo que vivimos hoy.

Te lo prometo, humano


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Este cuento fue publicado
en la versión web de Papel Literario de El Nacional
en Junio del 2016

Al fondo suenan canciones inverosímiles. Se trata de una fiesta más en un apartamento más. El motivo de la reunión también raya en lo común: es la despedida de alguien que pasará a ser emigrante. Otro amigo que se va, algún talento que abrirá las alas en otros cielos. En la despedida estamos los que tenemos ese privilegio de ser llamados “gente cercana”. Con la mamá que de vez en cuando se va a la cocina para secarse lágrimas prófugas; el abuelo que también llegó a esta ciudad yéndose desde otra tierra; los tíos y tías dando consejos a quien partirá. Los hermanos y los primos son los únicos que faltan, ellos ya han partido por el lumbral del aeropuerto internacional con la mente rasgada de incertidumbre, aunque emocionados por la aventura. Tanta gente celebrando la nostalgia de un “nos vemos” indefinido, de un “hasta pronto” que en realidad tardará demasiado. Una escena de teatro que nos acostumbramos a repetir.

Burelli



Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr


No recuerdo qué edad tendría en esa época, intuyo que debían ser diecisiete, dieciocho o diecinueve debido a la forma descontrolada en la que me enamoraba; solo en esos años se sufre con cierta exageración los procesos de querer a una persona y todo se confunde con amor verdadero, luego pasa el tiempo, vienen las rupturas, los abandonos, y entiendes que las eternidades juradas durarían muy poco.


Locas, queridas locas



Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Mi mamá está loca, supongo.
Pero no más que Venezuela, supongo.


Eso es lo peor


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Despiertas sintiendo la angustia del día anterior. Incómodo, con dolor de espalda y ardor en los ojos. No has salido de casa en varios días pero te tiene cansado lo que ves por la computadora: las fotografías, los vídeos, esas noticias que estremecen. Y es que duele, duele mucho. Duele el país y la gente, y es que qué es un país sin su gente sino un pedazo de tierra.

Una décima antes de salir


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Afuera hay una guerra
Quién puede negarlo
Si desde hace mucho se está peleando
Hoy la calle aterra
Pobrecita sea esta tierra
Dicen las personas mayores
Y en los jóvenes hay temores
Pero no más que valentía
Para darlo todo cualquier día
Y superar estos horrores.

***

Resolución de asalariado


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Cerca de la ventana de mi oficina hay un florero con una matica que crece a duras penas en aquel ambiente artificial. Gracias a la semiosis ilimitada (la condición humana de que un pensamiento de nacimiento a otro), el ver aquella matica me lleva a pensar en nosotros. Creo que somos iguales a ella: intentamos sobrevivir, crecer, buscar incansablemente un poco de luz. Quizás la semejanza no sea muy inteligente, esto es lo que pasa cuando mi jefe se va toda la tarde y tengo tiempo de parar el trabajo, los papeles, el piloto automático que la monotonía le da a mi vida; y, como dije, pensar.

-La terquedad de los salmones-


Fotografía obra de Efraín Rivera.

Tener esperanza llega a ser un acto de rebeldía, eso lo entendemos muy bien en Venezuela. Entre colas por comida, delincuencia a la cual esquivar, inflación desmesurada, y todas las otras cabezas de la hidra, creer en el presente y en el futuro de este país amerita oponerse al pensamiento colectivo, ese que está cansado, herido, con ganas de salir corriendo.

-Amaneceres sin miedo-


Fotografía obra de Efraín Rivera.

Leo un periódico que solo redacta noticias de desamparo y muerte, de infortunio y decadencia, cosas a las que ya estoy acostumbrado. Me encuentro en el patio de la casa, allí donde mi vieja siembra sus matas. Está amaneciendo y el miedo acecha por la idea de salir a encontrarme con las quimeras del exterior, aquellas redactadas en el papel que tengo en las manos. Ese temor y sus derivados, ese pánico a lo que representan las calles en estos momentos.

-El país que será-


Fotografía obra de Efraín Rivera.

Créeme, lo entiendo perfectamente. Yo también vivo esta realidad enrevesada, yo también atravieso calles desoladas por la delincuencia y la muerte; también tengo incertidumbre entre los parpados ante un devenir tan confuso. Soy uno más de esta gran masa de personas que tiene sueños, que no desea dejar de generarlos, pero que ve como éstos se apagan por este difícil entorno. Salgo a buscar esperanza cada mañana, aunque presienta que mis esfuerzos se queden cortos para la noche. Convivo con esa escasez que aborrecen los estómagos, con la idea de que mañana la vida rebasará los estándares que podamos pagar. Mi futuro es una idea, y esa idea no siempre desea ser pensada; nadie desea un futuro como este presente que debería convertirse en pasado. Cargo esta historia llena de nombres heroicos a los que se les deberían hacer honores con nuestras acciones constantes. Yo soy un venezolano común como tú, como el vecino, como todos los que habitamos estas fronteras tricolores. Por eso te repito, entiendo tu deje de desespero ante la realidad del país, ante todo lo que representa este delirio llamado actualidad.

-Generación 2014-


Fotografía obra de VARL Photography.

Esto es algo corto sobre la generación a la que pertenezco, esa que está en pleno crecimiento y con un destino que llevar a cabo. Somos el resultado de muchas  cosas, y por supuesto, la confirmación de que cada peldaño de la historia es único en comparación a los anteriores. Fuimos los últimos del siglo pasado en estas fronteras particulares, con la herencia placentera de pertenecer a ellas. Pero no todo recae en el orgullo de proclamar que somos venezolanos. La verdad hemos afrontado una realidad difícil, compleja, llena de trabas entre lo que tenemos y lo que queremos alcanzar. Dichos desafíos han sido cruciales en nuestro constante devenir, no es fácil luchar contra el hampa impune en las calles siendo un ciudadano común, ni contra la escasez de alimentos, la inflación desmesurada, etc. Esta es la única vida que conocemos, aquella que se va degenerando con cada día, con cada mes y cada año que pasa. ¿Entonces dónde está el futuro? Solo podría encontrarse en nuestros corazones tricolores que hoy más que nunca desean bombear esperanza.

-Buscando algo mejor-




Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Dentro de poco se cumplirán dos meses desde que comenzaron las protestas en Venezuela, cuanto ha ocurrido en tan poco tiempo. La palabra “guarimba” se ha metido en nuestras conciencias, se ha colado en lo cotidiano volviéndose parte de las calles y las avenidas. Continúan las barricadas y con ellas los enfrentamientos, continúan las marchas y los detenidos, los heridos, y los mártires que han sido asesinados en toda esta época tan oscura. El humo de lacrimógenas se va haciendo parte de nuestra atmosfera. Los abusos están presentes mientras la justicia permanece más ciega que nunca, ahora sin querer actuar ante lo evidente.


-En medio del desastre-


 Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Es difícil intentar expresar todo lo que se siente en estos momentos, no sabría ni siquiera por dónde empezar. Creo que lo mejor es ir al grano y no darle vueltas al asunto porque la situación lo merece. Venezuela atraviesa la peor crisis que yo haya experimentado de forma consiente en lo que llevo de vida. No se trata solo de un problema puntual, se trata de una variedad de factores muy grande que afectan a cada ciudadano por igual. Todos sufrimos la pena de no tener lo que merecemos, de no vivir como deberíamos.  Nos atacan los mismos problemas que se vienen desarrollando desde hace tiempo, porque sus soluciones que siguen sin llegar. Con la escasez de alimentos que lastima los estómagos, con la inseguridad que nos llena de miedo y nos niega el derecho a vivir con tranquilidad en nuestra propia tierra. Pero también con los precios altos, con la falta de medicamentos, con la censura y el silencio de los medios de comunicación. Sufrimos y volvemos a sufrir por una realidad que nos pertenece, pero que no  debería ser  “real”.


-Bandera y árbol-


Fotografía obra de Mariangela Venutolo. Fuente Original: Flickr

Justo cuando intento pensar con claridad y necesito concentrarme, comienzo a volar lejos de todo lo que pasa a mí alrededor. Estoy en esta avenida de mi ciudad que ahora parece un campo de guerra, que permanece llena de gases blancos, que hace razonar gritos desesperados. Ésta que ahora muestra dos bandos que chocan, uno compuesto por individuos verdes de un lado, y otro en el que estoy yo junto a mis amigos. Todo en caos, mientras que la determinación de mi grupo es la único que no nos deja caer de rodillas.

-Herencia de arepa-

Fotografía obra de Génesis Pérez. 

Ya no recuerdo mucho las cosas de mi niñez, mi memoria (al igual que tantas otras cosas en mí) no funciona muy bien. Solo me quedan vestigios borrosos de esos años pasados, vestigios que narran caminatas libres por calles seguras, sin miedo en el aire, sin nerviosismo en el andar. También aparecen sonrisas generadas al sentir una vida menos injusta, menos difícil, sin tanta agonía. Eso ya es pasado, ya es parte de ese conjunto de visiones que a veces pasan de visita por nuestra conciencia, pero que para nada tienen que ver con la realidad. Todo cambió y empezó a empeorar en algún momento de la línea de tiempo. Ahora, ese escenario también comienza a transmutar. En este momento todos hemos salido a la calle y lo que se ha mostrado es nuestra propia ciudad. Esa que nunca se fue, que solo estuvo secuestrada por la violencia y la inseguridad, por aquellos demonios que ya hoy se enfrentan con la esperanza y la voluntad de cambiar las cosas para bien.

-Gracias por la vida y Disculpa por la Muerte-

Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Me pregunto qué acontecimientos deben ocurrir para que una sociedad en letargo pueda llegar a cambiar. Estoy triste, me siento como todo venezolano: harto de una situación que no sabe realmente como cambiar. También tengo temor mientras esta música tan triste se escucha de fondo. Es una canción reproducida al compás de los disparos que resuenan como tambores de guerra y que anuncian los cuerpos que caen sin poder volver a levantarse. Así está hoy nuestro país, bailando una sinfonía de injusticia que suena a homicidio. Al inocente, a los que despiertan temprano para ir al trabajo, a los que, independientemente de un color político, aman profundamente a este país; en fin, simplemente a todos, está dirigida la posibilidad de una bala deseosa de cuerpo y alma. No sé qué hacer, intento mantener la fe de un futuro mejor, ante tanto peligro eso se torna complicado. Todos mis amigos piensan igual, todos sufren la agonía de una esperanza que se desgasta, el anhelo de un país mejor. ¿Cuantas muertes ocurrirán diariamente dentro de esta geografía manchada de sangre? Seguramente más de las que el optimismo podría soportar conocer. La maldad anda libre por las calles amenazándonos, pidiéndonos bienes materiales mientras coloca algo sagrado en juego: nuestra vida. ¿Qué ocurrió Venezuela? ¿Cuándo olvidaste tu humanidad? Es nuestra culpa sí, preferimos voltear hacia otro lado cuando comenzabas a agonizar. Ya hoy en día, cuando hueles a muerte, se ha sustituido la libertad por la que tantos hombres lucharon en el pasado, por miedo del más puro y malévolo. Es ese mismo miedo el que yo quiero olvidar, aunque ya ni siquiera sé si eso sea posible. Lo que sí es seguro, es que esta es una nación llena de huecos. Espacios vacíos pertenecientes a los que se han ido buscando una mejor vida, y los que se han ido porque un arma les ha quitado la gloria de respirar. Pareciera que nuestra existencia vale lo que un fulano quiera hacer con ella. Cabe la decepción ante toda esta tragedia, pero por supuesto, en un sitio seguro, lejos del peligro, encerrado en la burbuja que hace tanto quisimos crear. En definitiva, mañana podría ser yo el que muera o resulte herido. Antes de que eso pase, quiero agradecerte Venezuela por haberme permitido nacer en ti, y disculparme por dejar que te mataran sin hacer nada para evitarlo.

-El tricolor del mañana-


Fotografía obra de VARL Photography.

-Creo que ya hemos llegado al punto en el que puede pasar cualquier cosa, quizás mañana mismo sea el fin de nuestra nación. Es evidente en la expresión de la gente cuando se camina por la calle, en las palabras pronunciadas cuando se conversa con algún conocido, en el miedo que despiden los ojos de las personas. Qué triste es todo esto, afuera podría llegar a pasar cualquier cosa y, aun así, muchos nos quedaríamos en el limbo de la incertidumbre- le comentó  uno de los invisibles al otro.