El tiempo y el Cabello Azul


La vida misma: Posts sobre las cosas que me van pasando.

¡He vuelto! Sí, me demoré un poco nada más, solo 2 años y 3 meses (jeje), pero volví. Creé esta categoría/sección llamada “La vida misma” y en ella prometí que contaría, precisamente, sobre mi vida. Sin ficciones ni metáforas, la vida de Celso Emilio y no la de Dante.


Aunque sí, fallé en ese intento, recientemente pensé en el tiempo y en cómo pareciera que pasa más rápido. Se deberá, supongo, a que la adultez le llegó a mi generación sin darnos cuenta y con ella se aplicó una nueva metodología sobre cómo pasa el tiempo. Ahora trabajamos, pagamos cuentas, compramos accesorios para el baño y en eso se nos van los días.

Con respecto a eso, al tiempo volando, pongo como ejemplo que estoy por cumplir 1 mes desde que me mudé a Santiago. El tiempo es increíble, la vida es increíble y, aun así, ambos, el tiempo y la vida, se  me están escurriendo de las manos sin que me dé cuenta.

A pesar de todo estoy contento, realmente contento. No he parado de salir con amigos, tomar cervezas, conocer la nueva metrópolis en la que ahora vivo y, sobre todo, trabajar. Y es que por eso me mudé a Santiago, porque, tras una entrevista de trabajo, recibí una nueva oportunidad laboral en esta ciudad.

El trabajo nuevo no está nada mal, de hecho, aunque apenas estoy comenzando en él y sigo estando a la expectativa, me siento cómodo y emocionado. Todo bien entonces con el trabajo, conmigo mismo, con los desayunos que ahora intento tomar siempre porque alimentarse bien es importante.

Sin embargo, hay algo que ya mencioné y que de alguna manera me sigue presionando: el tiempo. O, mejor dicho, no el tiempo, sino su rapidez, y mejor dicho aún, no el tiempo ni la rapidez con la que pasa, sino lo que dejo de hacer por no darme cuenta que la vida se va.

Países sin visitar, comidas sin probar, “te amos” sin decir. Y esos últimos sí que pesan, se aparecen en la noche en forma de sueños con reencuentros, con sonrisas de medialuna, con cabellos azules, sueños increíbles que no dejan de ser fantasmas.

La vida se nos va, amigos, y se los dice un muchacho flaco y melancólico que acaba de cumplir 26 años y se ve como uno de 18. Un muchacho que sigue creyendo que, antes de que todo se acabe, tenemos que buscar ser felices o morirnos en el intento.

Y hablando de ser felices, llevaba tiempo sin serlo hasta que, en septiembre, volví a sostener uno de mis libros. ¡El 4to que he publicado y el primero en Chile! Les dejaré un vídeo en Youtube en dónde hablo más al respecto. Con esto me despido, esperando publicar nuevamente la próxima semana. Esta vez creo que sí lo cumpliré.