Este es un post de viaje que escribí para la comunidad de Steemit, en donde la cuenta de Café y Arepas también tiene presencia. Espero que les guste.
Venezuela es un país increíble. Sin importar cuán complejo se halle nuestro sistema, recorrer caminos y lugares es vivir una aventura, crecer como persona e inspirarse para crear nuevas cosas. Así me paso en un viaje que hice el año pasado y en donde viví momentos de angustia y otros de renovación.
Saliendo de casa con mucha ilusión
Aquella mañana me
desperté temprano, me bañé, vestí, desayuné y revisé los últimos detalles.
Tenía mis maletas listas, el dinero que necesitaba, los pasajes guardados;
estaba preparado para el viaje que comenzaría. Era 6 de agosto de 2017 y yo,
con mis 23 años, me lancé hacia aquella aventura.
Salí de mi casa en la parroquia Unare de Puerto Ordaz a eso de las 7:00 am, con rumbo al Aeropuerto Internacional Manuel Carlos Piar de la ciudad. Así lo hice y todo continúo sin mayores contratiempos. Chequee las maletas y ya adentro de la zona de embarque comenzó el estrés: el avión no llegaba. A pesar que de la hora de salida estaba pautada para la 10:00 am, ya teníamos un retraso de media 1 hora sin tener noticias del retraso.
Una amenaza
Quizás un retraso de avión no es algo atípico para un pasajero
venezolano que se dispone a viajar dentro de su nación. Sin embargo, los
viajeros que esperábamos no tardamos en aumentar nuestra angustia cuando, por
una televisión que había en la zona de embarque, escuchamos que unos militares
se habían sublevado en el Fuerte Paramacay de las Fuerzas Armadas Bolivarianas.
A raíz de este suceso, se produjo un enfrentamiento entre militares y los
insubordinados.
Los viajeros temimos lo peor:
“Cerrarán los aeropuertos del país por amenaza”, “no dejarán que los aviones
vuelen”. Sé que estos pensamientos tenían mucho de nerviosismo, pero si algo
nos ha enseñado el contexto de Venezuela es que cualquier cosa puede
pasar.
Sin embargo, el panorama nos
favoreció al cabo de 2 horas de espera. A eso de las 12:00 pm, un empleado de
la aerolínea llamó a los viajeros para que hicieran la fila y abordasen. Todos
nos pusimos en marcha rápidamente y así, finalmente y luego de un momento
incomodo, subimos al avión y despegamos.
Hola, Maiquetía
Sin lugar a dudas una parada exigida para casi todos los viajes aéreos
en Venezuela es el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar. Esa
ciudad, Maiquetía, genera en mí cierta atracción extraña y que realmente no
puedo definir; es, a pesar de todo, un sitio que no deja de parecerme hermoso.
Esperé pacientemente por mis
maletas, me comuniqué con el Hotel Catimar y esperé a que los vehículos del
hotel me buscasen. Este hotel es un establecimiento que le recomiendo a todos
los que necesiten pasar alguna estadía cerca al aeropuerto entre un vuelo y
otro, como era mi caso. Está ubicado en la parroquia de Catia La Mar y a 5
minutos del aeropuerto.
Un hotel con vista al mar
La expresión de un hotel “con vista al mar” nunca me había cautivado
realmente, sin embargo, por primera vez en mi vida supe a qué se refería. El
Hotel Catimar tiene una vista hermosa de una pequeña pero confortable playa
llamada Puerto Viejo.
El tiempo que pasé hospedado en el hotel se me fue yendo a su restaurante, pidiendo una cerveza fría con un buen pescado y admirando la hermosa vista.
Por supuesto, también fui en
varias oportunidades y me bañé en la Playa Puerto Viejo, no sin antes preguntar
en el hotel sobre qué tal era la seguridad en el sitio. La respuesta de la
encargada fue “sin ningún problema, vaya tranquilo”. Con eso ya no tenía
excusas para no disfrutar de aquel hermoso lugar.
La inspiración llega de todos
lados
Muchos autores e intelectuales dicen que la inspiración seencuentra en
los lugares más comunes. Pues bien, así me pasó en este viaje y con mi paso por
Catia la Mar. Quizás la razón sería por la amenaza de no poder viajar por el
motín militar, por el acercamiento a algo tan propio para los venezolanos como
lo es el mar Caribe, o por el libro que leía en ese entonces y que se titulaba
70 años de entrevistas en Venezuela que terminé pensando tanto en qué era como
venezolano frente a aquel escenario.
Nota Literaria: A propósito del
libro, les recomiendo a quien le guste leer que cuando pueda se anime por 70
años de entrevistas en Venezuela, es una obra que nos conecta con personas y
hechos de distintas épocas de nuestro país y nos ayuda a descifrar los
misterios y problemáticas que hoy en día vivimos.
Un poema viajero
Fue así como, tiempo después, me animé a escribir un poema que llamé
“Perdido en Catia la Mar” y que trata de los pensamientos que se reunieron en
mi cabeza por esos días. El tema principal fue, sin dudas, la reflexión que
tuve respecto a todo lo que me pasó.
Como no quería que fuesen solo palabras, también gravé un vídeo en el
que les muestro la vista a la hermosa vista a la playa Puerto Viejo mientras
que recito el poema. Este fue el resultado:
Seguir adelante
Catia la Mar solo fue una para de apenas 2 días, yo seguí en mi viaje
rumbo a mi verdadero destino: ir hasta Panamá a visitar al amor de mi vida. Si
quieren saber cómo fue el resto de esta aventura y todo lo que viví en Panamá,
déjenmelo saber en los comentarios.
Aprovecho para desearles un feliz
año a todos los que leen este post, que su 2018 esté lleno de viajes,
aprendizajes y experiencias dignas de recordar y contar.