-L’ Unic-


Fotografía obra de Mariangela Venutolo. Fuente Original: Flickr

A estas horas tan distantes de una noche cerrada estoy asilado en uno de esos cafés que dan calor a los solitarios. Mantengo un latte con canela sobre la mesa mientras limpio las gafas y la ilusión se mantiene sentada a mi lado. La gente camina por la avenida, yo busco en ellos respuestas que no he podido encontrar en mí. Los postes iluminan a los de abajo intentando que no se pierdan en la oscuridad del desasosiego, quizás esa ha sido desde siempre su verdadera misión. Subitamente que mi corazón se pone rojo ante la mirada de una transeúnte tan bonita como la luna. Aunque sigue caminando y quizás nunca la vuelva a ver, le doy gracias por ese instante eterno en el que logró deslumbrarme con su presencia.


Cruzo los brazos, espero a que algo ocurra. La calle con sus grietas muestra su historia encapsulada entre conciencias y asfalto. Sigo sin saber qué pretendo en aquel lugar mientras surgen las ganas desmedidas por revivir anécdotas. Todo condensado en una memoria que desearía no ser tan exacta, de esas a las que se les hace difícil olvidar. El latte continúa caliente y con él logro evadir los espantos de la pena.

Entonces, pensando en tanto, discerniendo en lo que me ha ocurrido hasta ahora, creo que la trama de mi vida ha valido la pena. Quizás no es la mejor, pero continúa desarrollándose, todo puede pasar. Durante tal pensamiento y como si fuese un milagro, un piano comienza a sonar desde el interior del establecimiento. Al instrumento se le unen otros más, se trata de una banda de jazz que ha venido a invadir el silencio con sus melodías de fiesta. Todo cobra alegría, la gente comienza a sonreír, algunos se animan a bailar. Si había estado a punto de entrar en la melancolía de mis aconteceres, tal opción ha dejado de ser posible, el ambiente no se lo permite a nadie. Nada importa, solo ese escenario mágico en el que me encuentro. Ahora mi vida es esta noche, este local lleno de color, mi ilusión sentada a mi lado al pie de la mesa redonda.

He logrado vislumbrar algo en este instante efímero: los mejores momentos ocurren sin que los busquemos. Gracias al destino por tan bonita cuestión. La felicidad es algo muy simple quizás, y esta vez creo que he llegado a tocarla en este café llamado L’ Unic. Una curiosa coincidencia más.