- Merci pour le sourire-


Fotografía obra de Celso Emilio Vargas Mariño.

Todo lo que sigue es tu descripción desde mi conciencia. Eres como un día en el que el viento intenta explicar alguna verdad simple, de esas que no olvidarás jamás. Eres colores vivos que dibujan un alma, y el blanco y negro de una fotografía antigua. Eres también la mirada proyectada por dos soles que se disfrazan de ojos, una que esconde un universo más allá, que encierra un sinfín de misterios que yo deseo descubrir. Eres una melodía resonante con la voz seductora de algún cantante dormido, o quizás esa que suena por el bajo estridente de los sonidos electrónicos. Eres tranquilidad de la forma más pura, sin inmutación alguna ante cualquier evento problemático o lleno de drama. Eres un conjunto de sueños que ponen a funcionar todo un sistema, que alimentan una conciencia hasta hacerla vibrar. Algo muy particular en ti, eres una infinidad de sitios reunidos en uno solo, como si guardases en tu interior la magnitud de todo el mundo sin dejar de pisar este pedazo de tierra. Por eso despiertas la necesidad de conocer cuánto espacio exista, de volar entre nubes deseando no bajar, de recorrer caminos verdes y playas azules viviendo con plenitud mientras el recorrido trae renovación.


Cada lección revelada es muestra de un corazón luminoso. Uno que me enseñó que todo pasa por una razón y que las cosas buenas llegan inesperadamente. Todo fluye, esa es tu ley galáctica. Yo que estoy hecho de palabras y a ti que se te ocurre decir que me lees al mirarme, esa y muchas otras frases están llenas de algún tipo de magia desconocida. Siempre miro el cielo y tú parecieras fusionada a él; probablemente seas un cielo materializado, así de libre te percibo. A través de tu filosofía entendí la evidencia trascendental de que lo diferente siempre es mejor, porque lo normal es aburrido.

Entre tanto, más allá del hecho evidente de que esto sea un regalo por parte de este vagabundo, cabe destacar que solo a ti te pertenece cada palabra que lo compone. Por eso quiero que lo lleves siempre contigo, aunque nuestra cuestión resulte fugaz como alguna estrella nocturna. Nada de eso importa realmente, sino el hecho de que aún continúas leyendo este avión de papel. Necesito por ultimo darte las gracias por aquella expresión que ha marcado esta maravilla. Sin embargo, no quiero hacerlo de un modo común, sino en el idioma de las idílicas consagraciones. Sí, me refiero al francés que tanto me recuerda a ti y que solo a través del cual podría expresar este final diciéndote: «merci pour le sourire».