-Fusión Citadina-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Ella decidió salir cuando la tarde clausuraba su función. Sin rumbo, andando por andar. Necesitaba soltar ataduras, pasado, miedos e inconsistencias. Liberarse de sí misma. La historia de su vida residía en la exhalación de suspiros a la nada. Deseaba alcanzar algo más que solo lo ambiguo, darle identidad a lo amorfo de sus pensamientos; sobretodo, reactivar emociones suspendidas.


Las manos en los bolsillos de la chaqueta. Pantalones desgastados por años de trabajo y converse que aseguraban cada paso. Páginas revueltas en los libros del bolso y su corazón destilando la tinta de cada palabra escrita en ellos. En el soundtrack que reproducía su cabeza sonaban melodías tristes. Al parecer el destino no buscaba darle tranquilidad. Se concentró entonces en continuar adelante, en no voltear. Por primera vez en quien sabe cuánto tiempo prefirió centrarse en lo que la rodeaba.

Caminó por el barrio de sus recuerdos y los parques inmortales que no cambiaban con los años. Siguió por caminos que también conocía de memoria pero que ahora preferiría ver como si fuese la primera vez. Esa podría ser la clave, encontrarse nuevamente con lo que la monotonía le había quitado. Aquellos retazos olvidados, las esquirlas de paisaje que la rodeaban todos los días pero que hacía mucho había dejado de observar. Edificios de colores, arboles sin podar, kioscos, bancas, aceras agrietadas, postes de luz... Sintió que ese conjunto enorme le pertenecía.

Tal fue la intensidad ante lo que redescubrió lugares que estos pasaron a integrarla a ella misma. Las calles y avenidas conformaron su sistema sanguíneo, los edificios y estructuras cada uno de sus huesos. El sol y la luna sus dos ojos. Su fisionomía se ligó homogéneamente a esa infinidad de elementos que la rodeaban. La ajenidad entre su Ser y ese espacio se volvió inexistente. Incluso el caos, el tráfico y la contaminación que azotaban a la Urbe sin clemencia.

Se sintió tan grande como nunca antes. Caminó durante días enteros, quizás algunas semanas. Podría asegurar sin exageraciones que anduvo varias veces a pie esa vasta ciudad. Cando al fin decidió detenerse entendió haber encontrado afuera lo que no había dentro. La unión era inseparable con aquella capital. El nombre de la muchacha era ahora Caracas.