Uzcátegui



Fotografía obra de Jaime Zarate

No sé realmente qué estaba buscando en esa época de mi vida, o si no buscaba nada y solo estaba perdido, o si estaba perdido y no quería encontrarme. Lo cierto es que todo era muy confuso y disperso, como una tormenta que tenía atrapado a un pájaro que no sabía a dónde volar. Como buen muchacho desorientado, me refugiaba en fiestas, bares, reuniones de euforia y tanto más. Así pasaba mi año 2018 hasta que, para saber qué era tocar fondo, tuve que despertar una mañana en el piso de un baño que no era mi baño, desorientado, destruido y en una casa que tampoco era la mía. Ahora que lo recuerdo, la escena parece sacada de una película de Tarantino.

Esta será la última



Esta noche resucitaron los muertos, yo ya puedo escribirte. Me siento en la capacidad de tomar esto, doblarlo y enviártelo como un avión de papel. Quizás, con suerte, lo leas y me pienses. Quizás, con más suerte, te conmueva de alguna manera. Aunque la verdadera razón de esta nota, más allá de mis caprichos y necedades, sea para decirte lo que antes no pude, lo que me quedó en las manos y en la boca tras el final que tuvimos. 

Avenida Atlántico



Fotografía obra de Jaime Zarate. Fuente Original Flickr


Tras colgar la llamada, se quedó en silencio y mirando el vacío, desubicado, esperando que algo más pasara, que el teléfono sonara de nuevo y continuase la conversación. Pero no pasó, ni eso ni otra cosa, solo la espera se hizo más larga, se prolongó hasta hacerse recurrente. Una vida aburrida y monótona y en el medio él, expectante a que algo cambiase.