-Marcas invisibles-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Esto parece un sueño, demasiado onírico y radiante para ser verdad. Pero está pasando, se encuentra frente mí y yo frente a ella. Recostados casi al borde de la cama,  junto a un abismo del que podríamos caer sin que importe el golpe con tal de que sigamos juntos en el suelo.

-Viaje al más allá-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

La vida se va tranquila, sin prisa, entrando por un portón grande y sin mirar atrás.
Él se queda inmóvil en la acera de enfrente.
Sin saber muy bien qué hacer a continuación.
Intentando calcular las magnitudes.
Pero los sentimientos no se miden.
Comienza a caminar.

-Exposición del can-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Algo había en la mirada de aquel perro callejero, tan fija en mí, concentrada, que parecía buscar algo, o quizás, con pleno conocimiento de lo que había encontrado. Yo no me atreví a moverme, no solo por la perplejidad sino por el miedo que me daban esos ojos infinitos y el colmillo que se asomaba. Pero no era morderme lo que quería, sino ser un mensajero de la providencia. Hurgó en mi alma como un forenze el cuerpo de un muerto. En esta ocasión, el animal había casado al hombre. Y yo, sin resistirme, entregué todo mi ser a aquel perro que se había aparecido de repente luego de que la borrachera me tumbase para atrás en una acera. Y al levantar la vista, allí estaba, observándome en silencio, como un fantasma nocturno o el diablo transformado que contaban las viejas historias. Acaso querría decirme algo, darme algún mensaje. Ya para entonces había visto algunos imposibles y  tan misterioso era el perro que daba la idea de que en cualquier momento hablaría.  Esos ojos de azabache me escanearon la vida sin necesidad de moverse, me exploraron el espíritu y dejaron más vulnerable que nunca. Y con el mismo aire espectral, el animal salió de su trance y recobró el movimiento. Se alejó algunos pasos hacia atrás y continúo su camino por la vereda.

No pude levantarme sino hasta entender que aquel suceso significaba, de algún modo, una señal destinataria. Sea como sea, el encuentro me sirvió para volver a mi gran pasión: la pintura. Gracias a esta historia es que es posible inaugurar esta exposición a la que ustedes cordialmente han venido. La semiótica cósmica existe en los acontecimientos. Yo, por ejemplo, no he vuelto a beber vino tinto con tanta frecuencia. 


-Un lugar seguro-



Fotografía obra de Génesis Pérez 

Vine a un jardín inmenso a pensarte libremente porque se supone que te estoy olvidando. Es gracioso, ese olvido que se hace difícil cada vez que recaigo en algún recuerdo nuestro, de los que construimos. En el mundo que hay fuera de este vergel no me permito hablar de estas cosas, debo parecer desinteresados respecto a todo lo que te concierne, ello nuevamente por la necesidad de olvidar. A veces, sin embargo, necesito de estos recesos, venir a este sitio intentando descargar emociones. Lo escogí porque a menudo la naturaleza insiste en recordarme a ti, tal vez tú seas una extensión de ella, supongo. Hojas secas y madera, por ejemplo, cuyo olor me transporta al que destilaba tu cuello. También vine a curarme de las fiebres que me han dado desde que ya no hablamos. Tengo tanto para decirte… tanto qué contarte. En vez de eso debo confórmame con hablarle a esta fuente que escupe agua clarita, como tú, y que de alguna manera siento que puede conectarnos. En tal caso, si puedes escucharme ahora, debes saber que mi cuerpo ha empezado a transformarse. En serio, mi espalda es arena, mis ojos mar, mi cabello palmeras y mis pies corales. No te gusta tanto la playa, lo sé, pero verás, de esa forma podré fusionarme con el caribe e ir hasta la ciudad portuaria en la que vives. Quizás no me reconozcas porque llegaré con un sombrero traveller blanco, una guayabera del mismo color y unos lentes oscuros. Apareceré frente a ti sin que tú me hayas visto, te tomaré los cachetes y te besaré profundamente, con la energía de mi alma, con todo este amor que ha estado encerrado. Será un momento maravilloso, allí sentiré como la madera de tu esencia arde llenando mis pulmones con su fragancia. Y no sé qué pasará luego, quizás reacciones y me pegues una cachetada o me mires y sonrías o no digas ni hagas nada. Quién sabe. Estos son el tipo de escenarios que normalmente no me puedo permitir pensar, porque tú estás allá y yo aquí, tan separados, tan distantes. En mi caso soy muy poco desde que no tengo la aurora boreal de tu pelo alegrando mis amaneceres. Esas mañanas en donde decías que tenías cara de dormida mientras yo alucinaba porque me parecías más bonita que nunca. La verdad es que el intento por apartarte fuese posible si no viniesen los pájaros a cantarme con tu voz o los atardeceres no se pareciesen al tuyo. ¿Ves? Realmente lo intento, pero es complicado. Creo que ya quieren cerrar el parque. Olvide mencionar que este es el mismo en donde te pedí casarnos sin papeles, qué mañana tan bonita fue esa. Me iré entonces. Pero antes, una cosa más: te pienso, te extraño, te cuido, te quiero, te anhelo, te susurro, te siento, te sonrío, te llamo, te tengo. Por eso es que el olvido se olvida.


-Dirección sin brújula-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Preguntaron qué era lo que buscaba en la vida y no respondí nada. Nunca lo había pensado con detenimiento, supongo que soy parte del conglomerado de gente que vive por vivir. Es así, no me reconozco mí mismo como el héroe de la historia, mi formato es estándar, común, corriente. Entonces, qué es lo que un tipo como yo puede buscar.

-Cartas a nadie-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Me gustaría decir tantas cosas, todas las palabras que existen, todas las oraciones compuestas, en varios idiomas si es posible, para explicar cuan confuso es todo después de ella. Luego de que al fin se llega un cielo distinto llevado de su mano. Luego de sentir que moriría de felicidad porque el momento vivido no podía ser tan perfecto, por presentir que algo debía salir mal. Y así ocurrió, se fue, yo me quedé, cuánto se sufre luego del amor.