-Renuncio-



Fotografía obra de Verónica Rodriguez.

I parte

Es inevitable que llegue ese momento en el que abandonas todo. Sea porque estás cansado de lo que te rodea o por que se te han extinguido las emociones. En mi caso lo que ocurrió fue que renuncie a mi trabajo. ¿Para qué seguir engañando al mundo? ¿Para qué continuar intentando engañarme a mí mismo? Ya no quería nada de eso. Recuerdo que el que era mi jefe me pidió que lo pensara y que luego tomara la decisión. Rechacé toda oferta que sabía no cumpliría. Al final creo que se debió enojar porque, ante mis negaciones, se le puso roja la cara y me gritó que no esperase ningún tipo de recomendación de su parte después de eso. La verdad es que tal cosa no me importaba en lo absoluto. Me sentía como un esclavo que acababa de ganar su libertad. Ya era libre de dejar invertir vida a algo que no me agradaba, libre del estrés y de las ganas de llorar al llegar a la casa en las noches, libre de horas, días y años completamente vacíos. Al fin todo aquello había terminado y cuando salí esa tarde de la empresa con la típica caja del desempleado cuyo contenido eran las cosas que estaban en mi escritorio, sentí más alegría que aquella mañana de la entrevista en la que me habían otorgado el empleo.

-¿Tienes una moneda?-

Fotografía obra de Celso Emilio Vargas Mariño 
Queriendo buscar mis raíces
Terminé encontrando mis anhelos.
Entonces creí que perder tiempo
sería un delito, un pecado, una estupidez.
*** 

- Metamorfosis -



Fotografía obra de VARL Photography.

Esa sí que era una buena vida, una a la que, sin embargo, nunca logré apreciarle lo bonito. Cuando caminaba en dos piernas y tenía pulgares opuestos todo parecía estar bajo control, yo era el único que podía decidir qué hacer y qué no. Sin dudas puedo decir que en todo aquello no había cabida a la tristeza que traen los malos momentos porque ni siquiera percibía la existencia de estos. Nunca pasé desesperación por incertidumbres que pudiesen llegar en el futuro. Lo único que realmente importaba era lo que vivía en ese momento y solo de esa manera yo era feliz. Lástima que mis decisiones fuesen cambiando y que, naturalmente, mi entorno fuese adaptándose a éstas. Sin darme cuenta me fue creciendo más pelo que el normal por todo el cuerpo, mi nariz se volvió negra y húmeda, por último y para colmo, me fue creciendo poco a poco una cola. Quizás todo fue un castigo divino por alguna de mis acciones. Si fue así o no, yo no podría saberlo.

-De mí para ti-


Fotografía obra de Génesis Pérez 

Lo desenrollé cuidadosamente y empecé a leer lo que decía:

-Campeón- Parte II


Fotografía obra de VARL Photography.

Algo malo pasa. Su marido se tambalea al caminar, tal y como lo hace cuando llega borracho. Lleva algo en la mano que Carmen no logra ver en un principio pero que, una vez observa con claridad, hace que olvide toda esa adrenalina que antes la poseía. Así el terror más puro la invade cuando ve el revolver balanceándose al compás del brazo. Ella entiende todo, de alguna manera él ha descubierto sus planes. Pero al llegar hasta  cierta distancia éste se detiene y se la queda mirando, no dice ni hace nada más, solo la mira con tristeza. Entonces el sentido común de Carmen se acciona en su interior, debe hacer algo rápido. La primera idea es correr y la segunda hablarle. Opta por la segunda, parece ser más prudente.


-Entre pastilla ¡me arrepiento!-



Fotografía obra de Génesis Pérez 

De ante mano pienso que esto es una pérdida de tiempo. Sin embargo, ya me encuentro solo y viejo, lo mejor será entonces que empiece a hablar antes de que se me olvide lo que iba a decir:

-No es un hasta luego, es un adiós-


   

Fotografía obra de VARL Photography.

Mi cuerpo se estremece y se abren los grifos de agua que hay en las pupilas. Así es esto del romance: te sube a las alturas de la gloria para luego dejarte caer. Yo caigo literalmente pero justo en la tristeza, aquella que me abraza con fuerza y me susurra al oído: «Estas solo, no hay nadie contigo», y yo la escucho, presto atención a cada palabra que de su boca sale.

-Carta a la vieja-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Fuiste y serás eternamente una mártir, así naciste y esa será por siempre tu naturaleza. Perteneces a esa categoría de seres capaces de entregar cada soplo de juventud que habite en su propio cuerpo, cada partícula de energía en sus acciones hasta llegar al cansancio rotundo, cada desvelo que termine por agotar su salud; en fin, de esos que llegan a dar su vida en correspondencia al bienestar de sus pollitos.

-Conversando con El Sebo-



Fotografía obra de Génesis Pérez 

Muchas noches bellas en las que subía con mi hermano al techo de la casa. Disfrutar de la vista periférica, de las estrellas y la luna era una obligación, mientras buscábamos un poquito de brisa entre el calor anormal que recibíamos durante el día. Esos eran los instantes perfectos para poder hablar. Nos volvíamos filósofos que, tomando jugo de naranja y tirando piedritas al terreno que quedaba al lado, intentaban buscar respuestas propias entre un mar de preguntas ajenas. Así Sebo fue un verdadero maestro que logró enseñarme más que  todo el bachillerato junto. Si la memoria no me falla (y probablemente si me esté fallando) aquella noche lo que dialogamos fue más o menos esto:

- Levántate y anda-



Fotografía obra de Génesis Pérez.

No me creo las cosas que nos quieren venir a decir  a la mayoría desde que somos chiquitos: usa la camisa por dentro, anda a la iglesia los domingos, quítate la gorra cuando vayas a comer, estudia y obtén un título para que seas alguien en la vida, no te juntes con malandros que esa gente no tiene nada bueno, lo que comienza mal termina mal. Así, infinidad de tonterías que a mi parecer, no sirven para absolutamente nada. Quieren que vivamos pero no nos dejan vivir. Apartando esto, si hay algo en lo que creo fervientemente: somos nosotros los únicos dueños de nuestros actos, de lo que queramos o no queramos hacer. Pienso que es importante pensar con claridad en este punto, ni a ti ni a mí nos gusta sentir que terceros pueden controlar lo que podamos hacer en este mundo. Por eso perseguimos siempre el sueño de la libertad, de la independencia plena. Lo importante es tener claras las posibles repercusiones que pueda traer la autonomía de nuestras acciones, saber que toda causa tendrá un efecto y hacer valer este don divino de la acción de buena manera. ¿Qué cuál sería esa buena manera? Eso solo lo podrías saber tú, yo por mi parte solo te diré que las respuestas las tenemos en nuestros corazones. Por eso somos los únicos protagonistas en esta tragicomedia. Aunque sin duda alguna hay un destino ya escrito e indiferente a eventos sin sentido, este mismo será trasmutable a los trazos realizados por los dioses en potencia que en él habitan.

-Canción de mayo-




Fotografía de Víctor Alfonso Ravago

La cosa comienza con una luz que se aproxima. No, la luz ya no parece acercarse, sino que es el bichito pequeñito el que se aproxima a ella. Cuando sale ni siquiera puede abrir los ojos, solo llora y llora o se queda quieto sin hacer nada. Cada partícula de su integridad es minúscula, delicada, débil e indefensa ante cualquier elemento extraño que quiera afectarle. Es bastante raro como funciona todo, pero desde un comienzo nos encontramos inseguros y desamparados acerca de dónde nos encontramos y ante la duda de que será lo que ocurrirá a continuación. Aún después de esperar un largo periodo de tiempo entre la oscuridad, la angustia no termina sino que apenas comienza. Un comienzo de angustia que en realidad es eterno y que permanecerá muy en el fondo de nuestra conciencia, clavado por el resto de nuestros días con vida.

-Campeón- Parte I



Fotografía obra de VARL Photography.

El sobrecito se parece a uno de esos que traen té o jugos en polvo. Es de color amarillo y en el centro tiene el dibujo de una rata que se está comiendo un pedazo de queso.  Arriba de la rata hay una franja roja con letras grandes y blancas que dicen “Campeón”, y debajo unas negras que advierten “manténgase fuera del alcance de niños”. El contenido del sobrecito es veneno puro, del que mata en minutos y que es utilizado para erradicar las plagas de roedores de las casas. Carmen tiene el sobre en las manos, éste no es para nada grande pero que es capaz de matar a un caballo. Las manos le tiemblan un poco y muchas cosas pasan por su mente. ¿Cómo ha llegado ella hasta aquel predicamento? Ya no puede recordarlo. Solo sabe que está en la cocina de su casa y que a su lado está César, su amante. Por fin pone el sobre en la mesa. Lo hace con extremo cuidado, como si se tratase de una bomba que podría explotar en cualquier momento. César solo la mira expectante y sin expresión alguna en el rostro. Después de que ella se tapa los ojos con las manos en señal de inseguridad por todo aquello, él por fin pregunta: 


-A quien pueda interesarle-


Fotografía obra de VARL Photography.


Octubre, de cierto año anterior a este.

No busco nada parecido a la pobreza, porque ya he pasado por la necesidad. Quiero ser alguien diferente, en un mundo diferente. Uno en el que cada día es una maravilla, un verdadero milagro.  Pero ¿acaso este instante no es una maravilla milagrosa? Sí que lo es. Pero nosotros en nuestro afán diario no logramos verlo así.

-Voluntad que se mastica-



Fotografía obra de Janmary Molina

Se dice en aquel libro viejo que los seres humanos estamos hechos de barro y madera. Yo diría que estamos hechos de un material más sutil, uno con mayor soltura y versatilidad: nuestra constitución es de chicle con sabor a menta. Y a diario cometemos errores, unos no tan graves y pasajeros, otros que dejan marcas en la propia piel.  Pero muchos de los últimos, tan caóticos a primera vista, terminan siendo claros en tiempos predecesores.  Creo en el sacrificio de quienes darían la vida por otros. En tales actos hay un tipo de virtud que va más allá de la común. Pero no debo desviar el tema, estamos hechos de chicle y explicaré a continuación el porqué de tal afirmación, intentando no parecer un loco o un borracho que no es consciente de sus palabras. Es por nuestra voluntad. Ésta es moldeable y completamente elástica ante los designios de su poseedor. A veces lo confirmo, nuestra voluntad es el compendio de elementos que al final hablaran por si solos de lo que el Ser realmente es; todo lo que en su espíritu encierra. Por eso es que te digo esto a ti que lees esto ahora, alarga ese chicle que llevas en tu propia esencia, hazlo más grande teniéndote confianza a ti mismo, mantelo resistente ante la adversidad.