Chega de Saudade | Clara Cover

Clara me regaló esta canción en abril y yo le regalé esta acuarela en mayo. Es una bonita historia.



-El extrañarme-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Extrañar es una desgracia.
Pero a mí me gusta extrañarte.
La ausencia que me dejas.
Tu lado vacío en la cama,
los flashes de tus ojos que me han dejado ciego
y el eco de tus canciones en el aire del cuarto.
Me gusta cuando te vas y no te tengo.
El anhelarte con euforia,
con locura,
con tristeza y ansias de que vuelvas.
Soy el amante más grande que has tenido,
también el más raro.
No quiero encerrarte para mí solo.
Prefiero verte libre bailando,
prefiero que deslumbres a todos con tus pestañas.
Porque en la libertad te siento más mía que nunca.
Y yo soy tuyo aunque no pienses en eso.
Lo seré así no quieras.
Disfruto cuando te vas al trabajo y estás apurada por el retraso.
Cuando veo la última estela del batir de tu pelo al salir de la casa.
Tiene belleza la desgracia de que te alejes.
Tu olor a bosque llenando la sala estando tan lejos.
Lejos, como ahora.
Y te evoco, te invoco, te convoco.
Ya sea en fotos del celular o en pensamientos que miran el techo.
Ya sea en el espejismo de tu risa detrás de la puerta.
o el fantasma de tus manos cuando apago la luz.
La verdad es que eres más mía cuando menos te tengo.
Muy mía, tan mía.
Y lo repito como idiota porque sí.
Yo soy tuyo hasta siempre.
Mis lunares, mis venas agitadas.
Y me desconsuelo buscándote en los cielos coloridos de esta ciudad.
Me gusta extrañarte.
Recordarte.
Soñarte.
Sentirte en las vísceras aunque no estés.
Aunque escuche las llaves girando el seguro
y te vea volver llorándome.
Porque ya no estoy vivo.
Y tú sufres el extrañarme.

-Desencuentro vespertino-



Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Me gusta ver desde un balcón luego de que ha caído la lluvia. Los colores se hacen más profundos, las ideas más melancólicas. Y entre nubes grises, carros surfeando charcos, perros mojados que se sacuden, me pierdo yo también.

-Olor a tierra-



Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Yo los vi cuando eran apenas una parejita recién casada. Él usaba un liki liki curtido y ella falda y blusa de colores opacos. Iban en alpargatas andando por las llanuras de San Juan. Y caminando. Caminando sin detenerse a mirar la antigua provincia que dejaban en el pasado, caminando por sendas hacia la República perturbada que apenas se levantaba. Y mientras tanto se oían rumores de nuevas guerras, nuevos ideales, nuevos caudillos. Y el mismo resultado: muerte sin un sentido. Ellos avanzaron durante años cargando esa realidad en las pupilas, en las ojeras hinchadas por no poder dormir tranquilos. Por eso no volvieron a las ciudades, prefirieron los caminos. Él le ayudaba a cruzar quebradas, ella le hacía masajes en los hombros de noche. Ella le curaba las heridas en los pies, él le cantaba las pocas canciones que se sabía. Estaban solos, pero juntos. Y fueron fuertes, y fueron valientes, mientras atravesaban el territorio insondable que solo Dios conocía porque lo había creado. A veces perdían el camino y no lo encontraban sino hasta pasado días o incluso semanas. Eran libres, verdaderamente libres. Hacían el amor en la noche, bajo la luna, bajo las estrellas, con la amenaza de los jaguares y los demonios nocturnos de la sabana. Pero ese amor era más grande que cualquier amenaza y al día siguiente, entre miradas sonrientes, reemprendían el viaje. Se unían a jornaleros solitarios con sus hordas de burros y gracias a  ellos se enteraban del devenir nacional. “Se montó tal en el poder, lo bajó este otro, y se montó tal o cual”, contaban. La silla de poder era constantemente usurpada por guapos sin razón ni norte, esos que solo querían poder. Un principio muy latinoamericano, muy criollo. Ellos seguían sin prestar mucha atención, ya el destino del país les era indiferente. Olían a tierra pura, como si ella los hubiese parido. Cuando los años pasaron se institucionalizó el ejército. Y fue ante una caravana de soldados en donde terminó la historia. Los encontraron una noche abierta mientras cenaban un venado cazado,  fue la hoguera prendida lo que los delató. Los soldados pidieron vino, pero ellos solo tenían agua; pidieron comida, pero no quisieron el venado; finalmente, pidieron dinero, pero ni siquiera reconocieron las viejas monedas de plata que se usaban en la colonia y que hacía tanto se habían dejado de usar. Sin encontrar algo más, pidieron a la mujer. Ante la defensa inútil del hombre, lo mataron con la punta de la bayoneta. Ella apenas y pudo gritar cuando el arma también le atravesó el costado. No hubo jaguares ni demonios nocturnos que fuesen tras esos soldados, no se hizo justicia ni se vengó lo que debía vengarse. Fue una historia anónima contada por un viejo árbol que se presenció todo. Cuentan que en la noche, cuando la luna está clara, se ven las siluetas andando y se escucha la voz del hombre cantándole a ella, su única patria.

-Nadie, ni yo mismo-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Algo había cambiado en la ciudad. Lo supe con el primer pedazo de alambre chamuscado con el que me tropecé y que por poco me hizo caer. En la mitad de las calles: un montón de escombros, bolsas rotas regando basura y cauchos ardiendo en hogueras solitarias. Nada era como antes, al menos no como lo recordaba.

-Confesiones sentimentales y kamikazes-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

No estoy triste

pero sí tengo ganas de estarlo.

Poema de Miguel Otero Silva| Encrucijada (Fragmento)

Muchos de mis amigos saben lo mucho que me gusta Miguel Otero Silva. A este intelectual venezolano, lo considero, más que un modelo a seguir, uno de mis héroes. El siguiente vídeo tiene el fragmento final de su poema "Encrucijada" y es narrado en su propia voz. Espero que les guste:

- Así me gustas-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Te he querido de tantas formas, con todos los matices. Con miedo, con pasión, con el amor de todos los amores. Pero también con figuras inentendibles como la sorpresa, la calma, el espanto. Como las grajeas de todos los sabores, te he querido.  En terrenos emocionales equidistantes entre sí, como la ternura de verte bailar y la rabia de entender que no soy libre pues mi destino está sellado al tuyo. Aun así, seguir deseando estar a tu lado cada mañana de domingo, todas las tardes nostálgicas en las que cae la lluvia.

-23, como Jordan-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Hoy cumplo más años de los que realmente cumplo. Según la cédula son 23, como Jordan, aunque haya nacido viejo, como Benjamín, y aún tenga la misma cara de adolescente y los mismos 57 kilos de siempre. Llego a un punto indefinido, no sé si he logrado mucho o muy poco todavía. Sé que he sido feliz varias veces, también he podido estar tranquilo, tener paz, aprender y buscar lo que he querido. De lo malo no quiero hablar ahora. Los recuerdos me caen encima como hojas secas y yo sigo debajo del árbol. Lo que soy, lo que tengo. Mis amigos, mi familia, mi ciudad y país. Mis despedidas, mis promesas. Mis cafés al alba, mis cigarrillos olvidados. Los post, las acuarelas, los vídeos, las poesías, las actuaciones (en teatro, en cortos), las entrevistas,  los fanzines, las reseñas, los boletines, las notas de prensa; las antologías de un guayanés, las vivencias acumuladas y regulares locuras, los cuadernos que huelen a polvo, el Dante Merino; tanto de eso soy ahora, y aun así todo me parece ajeno. Como si lo hubiese vivido otro, como si todo fuese realidad virtual.

-Una vida en primavera-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

El chispazo que me dio la vida fue un rayo que rompió el cielo y siguió a través de mi cuerpo hasta las profundidades de la tierra negra.  Dios tenía el plan complejo de que yo tuviese plena conciencia de mí alrededor. Que sintiese el calor del sol que, más que vida, me secaba y tornaba sepia mis hojas caídas; de la humedad que me rodeaba las raíces ancladas en las profundidades. Estaba condenado desde el primer instante, era un náufrago lejos de la humanidad aunque cada día me pasaran por el frente los visitantes que paseaban por el parque. Mi destino estaba maldito.

¡Hice un poemario! Mira cómo es:

Poemario: Con los pájaros.

Haciendo corto el cuento, realicé este poemario para participar en un concurso de poesía realizado por los Buscadores de Libros, a quienes agradezco profundamente por una iniciativa tan bonita y por incentivar la literatura en mi ciudad, Puerto Ordaz. Espero que les agrade:


Brokers: un puente hacia el dinero




El ecosistema económico mundial cambia constantemente y en la actualidad las personas comunes le están perdiendo el miedo a nuevas plataformas que permitan invertir en la bolsa.

Pero, ¿cómo hacerlo? Teniendo en cuenta que no todos poseen los conocimientos necesarios, una de las maneras más viables es utilizar brokers como intermediarios.

-Séptimo aniversario-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Me gusta pensar en los efectos a tus causas en mí como una cosa mística, mágica. Es que yo, que soy un tipo solitario que no tiene muchos amigos ni ganas por conseguirlos, siento a tu lado la compañía de un estadio de futbol en la final del mundial. Es increíble, realmente increíble, la forma en la que modificas mi carácter complejo, tan lleno de inseguridades y altanerías; me desprogramas y cambias de eje con la sabiduría de tus consejos milenarios, palabras cariñosas y, sobre todo, una paciencia incondicional en medio de mi tormenta.


-Eso es lo peor-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Despiertas sintiendo la angustia del día anterior. Incómodo, con dolor de espalda y ardor en los ojos. No has salido de casa en varios días pero te tiene cansado lo que ves por la computadora: las fotografías, los vídeos, esas noticias que estremecen. Y es que duele, duele mucho. Duele el país y la gente, y es que qué es un país sin su gente sino un pedazo de tierra.

Hablando sobre libros | Opiniones y recomendaciones

Hice este vídeo para conversar sobre libros que me gustan mucho, entre otros temas relacionados. ¡Feliz día del libro!

-Catarsis sin propina-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Yo lo había visto desde su entrada triunfal al café. Buscaba refugio a la luvia que caía afuera y era indiferente al mundo que lo rodeaba. Fue hasta una mesa apartada junto a la ventana y tomó asiento. Tenía ojos nocturnos que se imponían como lanzas de soberbia y vanidad. Pero no era soberbio ni vanidoso, era amable y educado pero con nadie quería hablar en esos momentos. Su expresión llevaba la tristeza que solo los triunfadores llegan a sentir, esa que parece más profunda que la de los demás. Al momento de ordenar, dejó al descubierto un acento extranjero difícil de descifrar pero que le bastó para pedir una torta de cacao y un canelado. Sentado junto a la ventana, no tocó la bebida ni el postre por un tiempo y luego, resignado, los consumió mientras miraba la calle con los goterones golpeando el cristal. Quizás esperaba que alguien viniese pero esa esperanza se había desvanecido. A su al rededor, nadie le prestaba atención, había ruidos de tazas golpeando, risas y murmullos, con los éxitos de Sinatra en versión bossa nova sonando de fondo. El ambiente en general era bastante bonito, pero a él no le importaba. Se mantuvo refugiado en sí mismo y en su conflicto, aparentando ver a las olas grises del cielo, los transeúntes con paraguas caminando rápido. Y de repente sonrió y dejó al descubierto sus dientes de europeo, y seguramente el clima era controlado por su estado de animo puesto que dejó de llover y un halo de luz atravesó las nubes. Algo había descubierto en su meditación de cataclismo. Fue allí que se levantó de la silla, tomó sus cosas y salió del café. Fascinado, fui hasta su mesa y solo un papelito escrito yacía en la superficie rezando: «Ya no tengo miedo. Me siento diferente, me siento bien». Entendí que realmente todo aquello había sido la escena de alguna película traspasada a la realidad.  Me sentí bien por él, tan bien, de hecho, que no importó tanto que descontarán de mi sueldo la torta y el canelado porque se había ido sin pagarlos. 


-Una décima antes de salir-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Afuera hay una guerra
Quién puede negarlo
Si desde hace mucho se está peleando
Hoy la calle aterra
Pobrecita sea esta tierra
Dicen las personas mayores
Y en los jóvenes hay temores
Pero no más que valentía
Para darlo todo cualquier día
Y superar estos horrores.

***

- Pretérito imperfecto-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Dicen que cuando caminaba levantaba tras cada pisada las hojas secas del suelo. La gente inventa mucho, la verdad es que uno ni siquiera podía ver lo qué había a su alrededor, no era posible enfocar el fondo más allá de su contorno. Otra cosa cierta es que le gustaba ver el cielo nocturno, nombrar sus estrellas e identificar las constelaciones. Júpiter, Spica, Orión, Tauro. Creía en el efecto que causaban los astros con una solemnidad devota.  Tal vez por eso era como una lechuza, vivía de madrugada y dormía de día. Esto último con la delicadeza de una doncella medieval, pero también con el ceño fruncido, por si acaso alguien llegaba a dudar de su carácter. Cuando despertaba se estiraba como un gato y cerraba los ojos con fuerza, solo para volver a esconderse entre las sábanas buscando a Morfeo un rato más. Es la única persona que he conocido que recordase de tal forma sus sueños, con un nivel de detalle ínfimo e incluso difícil de creer.

-Marcas invisibles-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Esto parece un sueño, demasiado onírico y radiante para ser verdad. Pero está pasando, se encuentra frente mí y yo frente a ella. Recostados casi al borde de la cama,  junto a un abismo del que podríamos caer sin que importe el golpe con tal de que sigamos juntos en el suelo.

-Viaje al más allá-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

La vida se va tranquila, sin prisa, entrando por un portón grande y sin mirar atrás.
Él se queda inmóvil en la acera de enfrente.
Sin saber muy bien qué hacer a continuación.
Intentando calcular las magnitudes.
Pero los sentimientos no se miden.
Comienza a caminar.

-Exposición del can-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Algo había en la mirada de aquel perro callejero, tan fija en mí, concentrada, que parecía buscar algo, o quizás, con pleno conocimiento de lo que había encontrado. Yo no me atreví a moverme, no solo por la perplejidad sino por el miedo que me daban esos ojos infinitos y el colmillo que se asomaba. Pero no era morderme lo que quería, sino ser un mensajero de la providencia. Hurgó en mi alma como un forenze el cuerpo de un muerto. En esta ocasión, el animal había casado al hombre. Y yo, sin resistirme, entregué todo mi ser a aquel perro que se había aparecido de repente luego de que la borrachera me tumbase para atrás en una acera. Y al levantar la vista, allí estaba, observándome en silencio, como un fantasma nocturno o el diablo transformado que contaban las viejas historias. Acaso querría decirme algo, darme algún mensaje. Ya para entonces había visto algunos imposibles y  tan misterioso era el perro que daba la idea de que en cualquier momento hablaría.  Esos ojos de azabache me escanearon la vida sin necesidad de moverse, me exploraron el espíritu y dejaron más vulnerable que nunca. Y con el mismo aire espectral, el animal salió de su trance y recobró el movimiento. Se alejó algunos pasos hacia atrás y continúo su camino por la vereda.

No pude levantarme sino hasta entender que aquel suceso significaba, de algún modo, una señal destinataria. Sea como sea, el encuentro me sirvió para volver a mi gran pasión: la pintura. Gracias a esta historia es que es posible inaugurar esta exposición a la que ustedes cordialmente han venido. La semiótica cósmica existe en los acontecimientos. Yo, por ejemplo, no he vuelto a beber vino tinto con tanta frecuencia. 


-Un lugar seguro-



Fotografía obra de Génesis Pérez 

Vine a un jardín inmenso a pensarte libremente porque se supone que estoy olvidándote. Es gracioso, ese olvido que se hace difícil cada vez que recaigo en algún recuerdo nuestro, de los que construimos. En el mundo que hay fuera de este vergel no me permito hablar de estas cosas, debo parecer desinteresados respecto a todo lo que te concierne, ello nuevamente por la necesidad de olvidar. A veces, sin embargo, necesito de estos recesos, venir a este sitio intentando descargar emociones. Lo escogí porque a menudo la naturaleza insiste en recordarme a ti, tal vez tú seas una extensión de ella, supongo. Hojas secas y madera, por ejemplo, cuyo olor me transporta al que destilaba tu cuello. También vine a curarme de las fiebres que me han dado desde que ya no hablamos. Tengo tanto para decirte… tanto qué contarte. En vez de eso debo confórmame con hablarle a esta fuente que escupe agua clarita, como tú, y que de alguna manera siento que puede conectarnos. En tal caso, si puedes escucharme ahora, debes saber que mi cuerpo ha empezado a transformarse. En serio, mi espalda es arena, mis ojos mar, mi cabello palmeras y mis pies corales. No te gusta tanto la playa, lo sé, pero verás, de esa forma podré fusionarme con el caribe e ir hasta la ciudad portuaria en la que vives. Quizás no me reconozcas porque llegaré con un sombrero traveller blanco, una guayabera del mismo color y unos lentes oscuros. Apareceré frente a ti sin que tú me hayas visto, te tomaré los cachetes y te besaré profundamente, con la energía de mi alma, con todo este amor que ha estado encerrado. Será un momento maravilloso, allí sentiré como la madera de tu esencia arde llenando mis pulmones con su fragancia. Y no sé qué pasará luego, quizás reacciones y me pegues una cachetada o me mires y sonrías o no digas ni hagas nada. Quién sabe. Estos son el tipo de escenarios que normalmente no me puedo permitir pensar, porque tú estás allá y yo aquí, tan separados, tan distantes. En mi caso soy muy poco desde que no tengo la aurora boreal de tu pelo alegrando mis amaneceres. Esas mañanas en donde decías que tenías cara de dormida mientras yo alucinaba porque me parecías más bonita que nunca. La verdad es que el intento por apartarte fuese posible si no viniesen los pájaros a cantarme con tu voz o los atardeceres no se pareciesen al tuyo. ¿Ves? Realmente lo intento, pero es complicado. Creo que ya quieren cerrar el parque. Olvide mencionar que este es el mismo en donde te pedí casarnos sin papeles, qué mañana tan bonita fue esa. Me iré entonces. Pero antes, una cosa más: te pienso, te extraño, te cuido, te quiero, te anhelo, te susurro, te siento, te sonrío, te llamo, te tengo. Por eso es que el olvido se olvida.


-Dirección sin brújula-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Preguntaron qué era lo que buscaba en la vida y no respondí nada. Nunca lo había pensado con detenimiento, supongo que soy parte del conglomerado de gente que vive por vivir. Es así, no me reconozco mí mismo como el héroe de la historia, mi formato es estándar, común, corriente. Entonces, qué es lo que un tipo como yo puede buscar.

-Cartas a nadie-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Me gustaría decir tantas cosas, todas las palabras que existen, todas las oraciones compuestas, en varios idiomas si es posible, para explicar cuan confuso es todo después de ella. Luego de que al fin se llega un cielo distinto llevado de su mano. Luego de sentir que moriría de felicidad porque el momento vivido no podía ser tan perfecto, por presentir que algo debía salir mal. Y así ocurrió, se fue, yo me quedé, cuánto se sufre luego del amor.

-Por siempre jamás-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Qué puede saber un hombre del verdadero amor
si ni siquiera sabe de sí mismo.
Qué puede saber de besos, abrazos, caricias,
si aunque ya ha dado tantos aún no se funde a través de ellos.
Qué puede saber ese tipo del tiempo de un romance,
si no ha contemplado la eternidad en un par de ojos.
O del espacio,
si no hace de cualquier sitio su hogar con tal de estar con la otra persona.
No sabe qué es el dolor,
porque nunca ha llorado por la perdida.
Ni conoce lo que es ser vulnerable,
porque no se ha visto solo con su silueta alejándose.
No sabe de noches inolvidables al teléfono, de árboles y hojas secas.
No sabe de cartas colores sepia, de palabras sinceras y risas anhelantes.
Y yo, que he amado hasta perderme a mí mismo sin ella,
no tengo mucho más de qué hablar.
Sino soñar.
Con tenerla a mí lado otra vez.
Para así saber una vez más lo que es el amor.
Aunque verdadero amor es lo único que sembró.
Y en mí se quedará.
Por siempre jamás.


-El hueco en dónde caí-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

El fondo del fondo es el piso de mi cuarto. Frío, duro, infinito. Aquí he dormido las últimas noches y he pasado los últimos días. Aquí he conocido que la peor parte de mí mismo es el instinto de autodestrucción. Me acaba desde adentro, poco a poco, contundente. Me acaba usando mi propia voz en susurros, incitándo a lastimarme. Llegué buscando salvación, me alejé del mundo, de mi familia, de mis amigos, de cualquier cosa, y me encerré. Quería huir, estar solo. No contaba con que yo sería mi peor compañía.

-Tristeza monárquica-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

-¡Mi reina! ¡Mi reina!- gritó el rey- ¿Dónde está mi reina?

-Con los pájaros, mi otoño-



Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

Te extraño.
Como extrañan los fantasmas su vida.
Y es que tú me hacías sentir vivo.
Como extraña el tiempo verse en relojes.
Y es que quería pasar contigo mis horas.
Todos mis días. Todas mis noches.
Para bailar juntos las canciones prometidas.
Para cumplir mi promesa de tenerte para siempre.
Te extraño.
Y ojalá no te tuviese tan dentro de mí.
No llevarte en mi espalda. En mis lunares.
Ni soñarte, ni pensarte al despertar.
O hacerlo incluso cuando tengo la mente en blanco.
No se puede. Ni se podrá.
Porque fuiste más mía que tuya.
Y ahora que te fuiste yo no puedo ser de nadie más.
Me duele esto. Perderte por mi estupidez.
Te extraño.
Y no sé qué hacer para recuperar nuestro otoño.
Para dar contigo entre el dolor.
Para dejar atrás esta añoranza y volver al "juntos".
Qué hacer con esto...
Nada, como la nada que soy sin ti.
Mientras veo los pájaros yéndose lejos.
Llevándote con ellos.
Lejos.
Sin poder alcanzarlos.
Lejos.
Mientras te sigo extrañando y viéndote volar.
Yo sigo aquí, enjaulado.

Matas de querencias

Este es el segundo fanzine que he hecho. 
En este momento no tengo ganas de decir mucho más al respecto. 
Quizás luego.

Dante Merino, príncipe del quién sabe



Para aquellas personas que no pudieron adquirir la edición impresa, acá está mi libro “Dante Merino, príncipe del quién sabe” en una versión digital. Espero que lo disfruten y muchas gracias por el apoyo y el cariño.

-Descripción de personaje-


Fotografía obra de Juan Mattey. Fuente original Flickr

Mi naturaleza es la de un animal salvaje. Vagando, siempre a la defensiva. No conozco ni admito otras ideas que no sean mis ideas, otros empeños que yo no haya mencionado. Soy grosero, altanero y encuentro atractivo caerme a golpes de vez en cuando, y también de vez en siempre. Un tipo duro, solitario, terco. Soy un lobo, quizás, uno que no está herido aunque parezca cojear, uno que no está triste a pesar de que le aúlle a la luna queriendo recuperarla.

Continúo adelante llevando mis errores, mis malditos errores. Los peores me visitan en formas grotescas cuando cae la noche. Me vigilan y se acercan cuando parezco alegrarme por algo. Me recuerdan lo que no quiero recordar, lo que no debió pasar. Me distingo de los demás en la manada por una mirada que nadie quiere ver, ni siquiera yo mismo cuando paso frente a un espejo. No le tengo miedo, pero no tardo en insultarla. Mi sacrificio es llevarla a cuestas, consuma lo que soy. Esa mirada enojada, llena de arrepentimiento, de incredulidad a que alguna vez existió algo bueno para mí. A que merezco amor. A que soy capaz de darlo.

Moriré cualquier mañana de estas. Cualquier noche. Cualquier vez. Quedaré tirado en algún piso, el que sostiene mis pies o el que me ofrece la depresión que ahora siento. Ese piso con gravedad aumentada que no deja que me pare. Con heridas de bala que hacen que sangre, que llore, que me sienta mal como el mal mismo que ahora atravieso. Ese es el otro lado de los fuertes, de los tercos, de los que no tienen memoria y se lanzan de algún balcón. En realidad no me suicidaré, no creo en esos escapes. Lo mío es más triste. Lo mío es continuar sufriendo con la naturaleza de un animal salvaje que fue deshumanizado por la realidad distópica que hay en su interior.  

-Sortilegio temporal-


Fotografía obra de Alberto Rojas. Fuente Original: Caracas Shots

La primera vez que pensé en el tiempo tenía 10 años y mi abuelo se moría en un cuarto de hospital. Me enojé mucho por lo vulnerable que resulta la condición humana; se deteriora el cuerpo, se difumina la conciencia. Te alejas del ahora. Llegas al punto en el que es imposible despedirte de tu nieto aunque lo tengas al lado. Escribí algo en aquella ocasión y ya no recuerdo qué habrá sido. El transcurso de la vida, naturalmente, lo va borrando todo.

-Tú me gustas-


Fotografía obra de Génesis Pérez 

-Quiero que sepas que me gustas. Sí, me gustas de gustar.  Me gustas y decirlo suena hasta bonito. Te lo digo porque siento que tengo una oportunidad contigo, de hecho, creo que tenemos mucho en común. Por ejemplo, los dos pertenecemos a la especie humana y existimos en un mismo espacio durante un determinado tiempo. ¿Ves? No tuve que pensar mucho para decirte dos cosas que compartimos. Incluso, si lo piensas detenidamente, con tanta casualidad podría considerarse que estamos hechos el uno para el otro.

-Vine a hablar de algo-


Fotografía obra de VARL Audiovisual

Yo vine a hablar de algo. Mmm, ¿qué sería? Es confuso, no puedo recordarlo. Ahora mismo son las 18:33, llevo toda la tarde intentando una cuestión que… ¡Ah! Acabo de acordarme, quería decir un pretexto que justificase por qué no había escrito en los últimos meses con la misma constancia que en los años pasados. Pero la verdad creo que no hay muchas razones para inventar, simplemente estaba en modo “ahorro de energía” respecto a esta cuestión de publicar y compartir lo que se se me iba ocurriendo. Vaya, ese parece sincero al menos, todo sea por no llegar al punto de admitir el hecho de que había mandado al carajo, al menos parcialmente, el hábito de escribir. Quería estar sin tantas letras, tantas historias y tanto drama.

Verán, nunca me llamo a mí mismo escritor. La escritura es un oficio y por tanto conlleva disciplina y constancia que sumen a la técnica. Supongo que luego de cinco años de escribir constantemente sigo pensando que en realidad estos elementos no se encuentran presentes en mi quehacer constante. Sí, lo digo cuatro libros después, pero eso no cambia nada. Entonces ¿qué soy? Solo soy un muchacho al que le gusta contar cosas, supongo. Uno que dejó de hacerlo con la frecuencia de antes y que ahora viene acá a dar explicaciones tontas sobre su partida temporal.

Pero es que entiéndanme, las personas que están metidas en el... ¿arte? Mmm, no le llamemos así, mejor digamos esto: las personas que buscan formas de expresarse. Bien, esas personas tienden a sumergirse entre los mares de la intensidad.  Hablan sobre libros, pinturas, películas, música, poesía, ensayos, y qué sé yo. Eso no está nada mal, no me malentiendan ya que, de hecho, son más bien elementos sublimes y que transgreden las barreras entre la imaginación y la realidad siendo canales a dimensiones a las que no podemos llegar fácilmente. Pero qué pasa cuando estás tan metido en la medula de dichas manifestaciones, cuando es así, lo mejor es un descanso.

Y a descansar me fui al menos unos meses. Y aquí me tienen, todo el párrafo anterior es para explicar eso. Me fui a ver comiquitas en la televisión, a hablar con mi mamá, a estudiar para los exámenes, trabajar, hacer mercado, tomar café, reencontrarme con mis amigos y emborracharme, bailar en las fiestas, ver lo contaminada que está mi ciudad, ver nuevos lanzamientos de sneakers, entre otras cosas. Y me siento bien (demasiado bien) de haberlo hecho. Porque no podemos atarnos a ningún hábito hasta el punto de pensar que estamos mal por dejar de hacerlo. Prefiero vivir una vida tranquila, ser un hombre sincero de donde viene la palma.

Ahora estoy aquí otra vez, con la misma laptop en la que escribo desde hace más de 5 años y meditando nuevos escenarios, preguntándome si continuaré escribiendo y si habrá final feliz. Para este punto me conformo con que exista un final por lo menos.

En fin, así comienza este año 2017 para Café y Arepas, un espacio del cual me siento profundamente orgulloso. Una última cosa: en febrero será el aniversario número 5 de este sitio web en el que, precisamente, se desayunan letras. Eso, amigos míos, es algo increíble.